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miércoles, 15 de febrero de 2017

PÁGINAS DE MOMO

FELIPE CASTRO



Con su poética y crítica pluma, y la amabilidad que lo caracteriza, Felipe Castro, fue el protagonista en un momento sumamente disfrutable. Una hora de charla que recopiló sus inquietudes con respecto al carnaval y toda su parafernalia. Hoy transita febrero, y lo encuentra participando desde abajo de los escenarios; concretamente por haber sido parte de la construcción de un espectáculo como el de la murga “Momolandia”. Pese a los argumentos en los que se apoya para no formar parte de la fiesta de momo, se reconoce como un carnavalero apasionado, que lleva en su interior a la necesidad de participar directa o indirectamente de uno de los máximos exponentes culturales del país año tras año. Quizás eso tenga lugar porque lleva a dos colores como el rojo y el negro en su corazón, y resulta imposible dejar de lado un lugar que  ha forjado parte de su identidad como artista. Solo el tiempo dirá si vuelve a las tablas aquel gurí que creció con la cara pintada desde la cuna.

¿CÓMO VIVÍS LOS AÑOS EN LOS QUE NO SALÍS EN CARNAVAL?

“La primera vez que dejé de salir fue en el año 2004. Ahí  extrañé un poco, pero cada vez extraño menos. Disfruto mucho del verano, e irme para afuera. Las veces que he extrañado, al año siguiente volví a salir. Lo que más extraño es compartir con un grupo, y la bañadera. Siempre he participado del carnaval haciendo músicas, y escribiendo. Nunca me alejé del todo, porque soy carnavalero, y es así. Este año no he ido a ver carnaval tampoco por cuestiones que van en contra de la fiesta. Cuando voy. extraño un poco más. Extraño los tablados también, aunque sé que si salgo en carnaval también los voy a extrañar, porque no hay. Los lunes, martes y miércoles, hacés tablados que están a tres cuadras de la playa, salvo el Prado. Esa gente puede ir a cualquier espectáculo en cualquier momento. Me enamoré de una fiesta que no es esta. Tengo tres hijas, y nunca tuve un verano con mi papá. Entonces como he salido más de quince años en carnaval, siento que mis hijas merecen que esté con ellas”.

¿EN QUÉ MEDIDA EL CARNAVAL SE HA ENRIQUECIDO, Y QUÉ COSAS HA PERDIDO?

“Se ha enriquecido en el profesionalismo. Voy a hablar de las murgas, que es de lo único que sé. Me parece perfecto que los murguistas reciban dinero por su trabajo. No me parece tan bien cuando es a costa de una entrada que sale $200. La entrada debería costar como mucho $60. Si después en el Teatro de Verano querés cobrar $10000, está todo bien. Carnaval son los tablados, y no pagaría ese dinero para ver espectáculos. Al único tablado al que llevaría a mis hijas, que me queda cerca, y está precioso es el Molino de Galgo. Acá se hace una tergiversación de la palabra “profesionalización”, como algo que favorece al carnaval, y no necesariamente es así. Por ejemplo, la puesta en escena abarrota tanto a los espectáculos, que parece que los murguistas se olvidaron de bailar murga. Una cosa es el teatro, y otra cosa es la murga. Además quien rige todo eso es el concurso, y marca la estética de la obra que vas a ver. De por sí es ridículo el hecho de ponerle un puntaje a algo que nace desde el sentimiento. Eso sumado a que las personas que lo hacen, no sé quiénes son. ¿Alguien se ha puesto a pensar que la persona que te juzga, condiciona tu trabajo para el año siguiente?. ¿Está capacitada esa persona para hacerlo?.  ¿Le sirve al carnaval que esa persona haga ese trabajo?. Se está llevando el carnaval hacia la costa, alejándolo de las clases populares, y son muy pocos los escenarios en los barrios. Si la gente tiene que ver carnaval por televisión, estamos fritos, y encima no todos pueden verlo por ese medio. Capaz que todo pasa por algo, pero vamos a conversarlo. Fui a la intendencia y le presenté un proyecto a la señora Graciela Michelini, que implicaba cincuenta tablados para cincuenta conjuntos. Me dijo: “Esto no me sirve”, y también es válido, pero no creo que se esté jugando a favor del arte. ¿Las pruebas de admisión están a favor del arte?. Si están a favor del arte, entonces entiendo por “arte” algo que no tiene nada que ver. En otros tiempos se consideraba al concurso, pero La BCG sabía que no iba a ganar, e igual hacía lo que quería. Veías a Falta y Resto, Los Saltimbanquis, Patos Cabreros,  o Araca la Cana, y no tenían un punto en común, haciendo cosas totalmente diferentes. Hoy por hoy, hay una cantidad de fórmulas que se han ido dando, marcadas por el concurso. Te va metiendo en el embudo del “Hay que hacer esto, y esto otro”. ¿Quién dice lo que hay que hacer?. Estaría bueno conversarlo entre todos los carnavaleros, y ver si estamos a favor del arte o en contra. El artista en carnaval va al público, y no al revés. El carnaval invierte la relación, y eso es lo que tiene de maravilloso. Vas al tablado, y te enterás de qué artista viene cuando lo ves en el pizarrón. Esa fue la fiesta de la que me enamoré. Por la trascendencia que ha tomado el carnaval, el Ministerio de Cultura debería colaborar con él. Otra cosa que está mal es el hecho de que las murgas montevideanas hacen un circuito de tablados en San Carlos, pero las de allá no vienen a Montevideo. Se está dando por sentado de que lo que tiene que ver la gente es lo de Montevideo. Encima si querés hacer tablados en Montevideo, tenés que anotarte, y dar la prueba para el Concurso Oficial”.

EL CARNAVAL Y LA TELEVISIÓN

“La estética de lo que se quiere mostrar, y cómo se quiere mostrar, no puede ser decidida por los canales de televisión. Tiene que ser el propio carnaval el que lo decida. Esas cuestiones son decididas por un tipo que es el mismo que decide qué música y qué escenografía va en un programa deportivo como “Sin Límite”, por ejemplo. No tengo nada contra los que se encargan de eso, además los conozco y sé que son unos crá. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Le tenés que dar valor a tu producto. Mirás las transmisiones de carnaval desde el Teatro de Verano, y ves que después de que baja un conjunto aparece un cronista que dice: “Esta parte estuvo buena, pero no me gustó tal parte, etc”. Marcelo Fernández hace su trabajo, y está perfecto, no lo estoy cuestionando, sino que lo que cuestiono es la cabeza con la que eso tiene lugar. Porque sin querer, estás generando que determinados conjuntos hagan menos tablados después. La transmisión tiene que ser para que te enamores del carnaval. Si después querés hacer otro programa para analizar los espectáculos y opinar, está bien. Vos tenés que hacer que el artista trabaje, y venda entradas. El jugador de fútbol gane o pierda va a cobrar igual, pero el artista si no actúa, no gana. El porcentaje de murguistas que arreglan un dinero por carnaval es muy bajo. La mayoría cobra por escenario realizado. Si el carnaval es tan masivo gracias a los medios de comunicación, hay que tener cuidado con eso”.

¿CÓMO VIVISTE LA EXPERIENCIA DE SER DEVOLVEDOR DE LOS ENSAYOS ABIERTOS DEL ENCUENTRO DE MURGA JOVEN?

“Cuando me tocó cumplir ese rol, pensé que iba a ver repeticiones de “Cayó la Cabra”. Al tercer día, volví para casa pensando: “Bo, Felipe, sos un banana. ¡Lo que te perdiste todos estos años!”. Cuando empezamos ha hacer las devoluciones, le decía al Toto (Zeleniec), que era el que trabajaba conmigo “¡Bo, esto es espectacular!”. Vi un montón de cosas nuevas que no sabía que existían. Con estilos absolutamente distintos, y gurises que se cantan todo. Muchachos que salen en carnaval con una postura y en Murga Joven los ves de forma distinta. La misma persona que sale en una murga, sale en otra, o en tres. Los integrantes de las propias murgas jóvenes son el público de la movida. Eso es riqueza, y arte. Hay gente que dice que es el semillero de carnaval. Si es el semillero, las semillas entonces están creciendo para otro lado que no es para el que tienen que crecer. Otra diferencia con el carnaval es la forma en la que se presenta a los espectáculos. En febrero ves que en el Teatro de Verano, sale Alvarito Recoba, que lo quiero muchísimo y siento mucho respeto por él, pero sale vestido de gris. Ponete un rojo o un amarillo, ¡no seas malo! Que te griten “pelotudo” tres veces, pero al cuarto día se van a acostumbrar. Salís para adelante y parece que fueras a dar las noticias fúnebres (risas). En la muestra de Murga Joven está Ivanna Amarillo de presentadora, y lo hace con mucha euforia. Es maravilloso. Todas las murgas que quieren participar, participan, y van a la muestra que se hace en Las Duranas. Murgas de mujeres, de hombres, de gurises con discapacidad, y capacidades diferentes. De ahí las veinte murgas más destacadas pasan a la siguiente instancia. Es decir, solamente la segunda etapa de Murga Joven tiene más murgas que el carnaval de febrero. De esas veinte, cinco son mencionadas como los mejores espectáculos, ni siquiera ganan. Eso lleva a que cada uno haga lo que sancocho quiera. Otro tema es el de los jurados. Este año entre otros, estuvo Nicolás Grandal, por ejemplo, que es tremendo murguista. Ojalá me tocara eso cuando subo al escenario a concursar en febrero. Hay personas que conozco que son monitores de Murga Joven, y esa experiencia les sirve para salirse de sus propios prejuicios en cuanto a la forma de hacer murga. A eso te lleva también, a aceptar la propuesta del otro”.

¿ESA EXPERIENCIA HIZO QUE TE REPLANTEARAS COSAS AL MOMENTO DE CREAR?

“Por un lado te cambia la cabeza. Por otro lado ves que cada uno es libre de escribir lo que escribe. Me sirvió hasta para darle más valor a lo que escribo. Me di cuenta de que hay cosas que no sé si me pondría a escribir. No estaría de acuerdo con escribir algo porque está de onda. Vi mucha libertad. Lo que me replanteé fue el hecho de ser complaciente con el público en carnaval. Le estaba errando en eso. Si a todos los gurises que forman parte de la movida de Murga Joven les sirvió el 10% de lo que me sirvió, entonces estuvo  buenísimo. El año que viene me parece que no tengo que ser yo el que lo haga. Me encantaría, y me salgo de la vaina por hacerlo, porque más allá de que fue un laburo, lo disfruté mucho. Pero lo que corresponde es decir que “no”, porque sería ir en contra de lo que estoy prodigando”.

¿CÓMO ATRAVESASTE EL PROCESO CREATIVO CON MOMOLANDIA?

Es la primera vez que en carnaval no cobro un dinero por tablado, y un porcentaje del premio obtenido. Se lo tenía que decir al grupo, porque si no me iba a sentir incómodo, y le fuera como le fuera a la murga en el concurso, iba a cobrar igual. Escribir para Momolandia fue una experiencia muy linda. Fui a muy pocos ensayos porque no me gusta joder, y sé que hay otra gente que está laburando. Pero siempre recibí un cariño impresionante. Hay un montón de tipos a los que admiro profundamente. Martín (Angiolini)  y Javier  (Carvalho) son amigos. Sergio Rivero, el negro Eduardo (Díaz), y Charly (Álvarez)  son tipos que uno admira. Uno conoce sus maravillosas capacidades, y su amor incondicional por el carnaval. Creo que trabajé con responsabilidad y cumplí. Este año lo que hice fue escribir, y dejar que los demás trabajen después, porque sentía que era lo que correspondía. En alguna oportunidad, durante la creación vi cosas que no las hubiese hecho así, pero ese ejercicio de salirse de uno mismo está bueno también, y ver qué sucede con lo que uno tira. Me permitieron crear y componer, y estoy recontra agradecido”.

¿EXTRAÑÁS A FALTA Y RESTO?

Estuvo buenísima esta experiencia con Momolandia. Pero me parece que si sale La Falta, escribiría ahí. Escribiendo para Momolandia, extrañaba un poco a la Falta. Sobre todo porque comprobé que un cuplé puesto en La Falta tiene una significancia, y puesto en otra murga tiene otra significancia. Extrañaba a mis compañeros en la creación, por una cuestión de concordancia de conocernos de años, y saber para dónde vamos a ir. Estoy acostumbrado a laburar con Leandro (Castro),  Dieguito (Bueno), y Lucas (Lessa)”.

¿CÓMO TE TOMÁS EL TRABAJO DE ESCRIBIR?

“Hay cosas que te das cuenta más rápido que están buenas, y van, Otras no. Me cuesta mucho escribir humor. Sí me sale escribir humor junto a la crítica en un salpicón, por ejemplo. Pero no sé hacerte reír a carcajadas. Cuando trato de hacer reír es cuando más corrijo. Cuando hay poesía, me suelto más, y confío más en lo que sale. Insisto mucho en la gramática y las acentuaciones, para que las cosas se entiendan al cantarlas. Componer una música ayuda para que el verso ya te quede bien dicho, y calce en la métrica, y si no tenés la ventaja de acomodar las cosas para que quede bien. El negro Eduardo (Díaz), me dijo “Las canciones que compusiste son nuestras. Nunca lo había vivido”. Es mágico que te digan eso. Al ser algo inédito no tenés que atarte a nada, entonces viene tu solo y lo llevás para el lado que querés”.

¿EN QUIÉN TE ENCONTRÁS AL MOMENTO DE COMPONER UNA CANCIÓN?

“Me encuentro en el Choncho (Lazaroff). También en Rubén Blades y en Los Redondos (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota). Calculo que me encuentro en “The Beatles” por decantación, porque todos los que nombré están recontra cargados con su música. Sobre todo los músicos populares uruguayos, como Jaime Roos, que es una influencia musical importante. Si me pusiera a tocar una canción ahora, la cabeza me iría para esos lugares, porque además es la música que más escucho”.

SI FALTA Y RESTO FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?


“Estaría mi familia indudablemente. Toda. Con ella estarían varios murguistas. Después habría una foto de The Beatles, una foto de (Carlos) Gardel, un cuadro de (José Gervasio) Artigas, un cuadro de (Liber) Seregni, y (Elena) la Tota Quinteros”.

domingo, 29 de enero de 2017

ENTRE BAMBALINAS



MOMOLANDIA




Cada persona posee su propio imaginario, cuando este se colectiviza, se origina el “Imaginario Popular” sobre las distintas cosas. Momolandia plantea un repertorio que pretende deambular por lo que piensa y siente el espectador, con un popurrí muy crítico, manteniendo esa postura en el bloque donde se habla de la educación. El libreto nos invita a reflexionar que todos tenemos una ideología y descubrir cuál es, y merodea por el humor cuando la murga recorre su propio imaginario popular , con la aparición del personaje de Óscar “el gordo” Díaz,  intepretado por Charly Álvarez. La musicalidad y la poesía se lucen en las puntas. El elenco ha experimentado algunos cambios para esta Carnaval 2017, y uno de ellos fue la incorporación de Jonhattan García, aportando su beta actoral en los distintos cuplés. Tuvo la gentileza de compartir una charla, transitando por distintos temas.  

¿CÓMO FUE TU ADAPTACIÓN A “MOMOLANDIA”, Y CÓMO VIVISTE EL PROCESO DE ENSAYOS?

“Leonardo Pereyra me llamó a principios de año, luego de unos encuentros que tuvimos en algunas fiestas de murgas. Le había dicho que no, y me volvió a llamar unos meses después. Ahí agradecido le pregunté cuál era la propuesta, y me dijo que en el grupo técnico estaba Felipe Castro, y que se había sumado Javier (Carvalho), y eso me motivó para salir en Momolandia. Felipe Castro para mí sigue siendo un superhéroe murguero, y cantar cosas escritas por él fue lo que más me sedujo; más que salir en carnaval, incluso. La adaptación al grupo fue muy rápida, porque los compañeros estaban esperándome. Me brindaron total libertad desde el primer momento. No conocía a la mayoría personalmente, sí de verlos en los tablados como espectador cuando era un adolescente. Charly Álvarez, Eduardo, Martín Angiolini, Leo Pereyra, Fernando, Sergio Rivero, son todos unos crá. El clima de los ensayos varía cuando hay gente visitándolos. Ahí tenés que ser más educado, y dejar que las cosas sucedan sin cortar tanto. Eso ayuda a estar manteniendo un personaje todo el tiempo. No hay chance para la distracción. Al principio se me hizo un poco difícil porque me sumé al grupo sin haber tenido participación directa en la idea, y el armado de los textos. Eso está bueno de todas formas porque te entregás a lo que arman los técnicos. Después por suerte, pude ir armando a mi antojo a las participaciones que tengo en el espectáculo”.

EL DISFRUTE Y LA COMPETENCIA

“Estoy empezando a disfrutar mucho más de los tablados. De a poco empezás a potenciar a tus compañeros, y ellos a vos. Hay algunos compañeros con trayectoria en el carnaval que viven de otra manera en determinadas instancias. El viernes cuando bajé del Teatro de Verano estaba muy emocionado, y saludé a todos mis compañeros como si fuera el último día. Todos me decían “Jonha, todo bien, vamo’ arriba, pero si tenemos suerte faltan dos ruedas más”. El bicho de la competencia te oscurece, y no es sano. El “click” está en ganarle a la competencia, y en que no tiene por qué pesarte tener que ir a maquillarte a las tres de la tarde, o cansarte el desfile. Es lógico que estamos en una competencia que requiere profesionalismo, pero la murga se puede hacer en cualquier lugar, día y horario, y si lo vemos de esa manera, el concurso no es tan nocivo. Toda instancia me emociona”.

UN CARNAVAL INJUSTO

“El concurso te coloca en un lugar muy injusto para con los técnicos. Existe una mecánica de crear y trabajar un espectáculo de murga en muy poco tiempo. Se trabaja mucho para mostrar lo que ensayaste durante un mes, y en función de cómo te haya ido en el concurso tenés que mantener el nivel. Si el nivel bajó, ese técnico ya no va a ser considerado, matan a la murga, y ya no labura, entonces es muy difícil. Carnaval es poco justo en ese sentido, y eso lo provoca la competencia. Perdés una prueba de admisión, y te dicen “La murga estuvo divina, es una injusticia que no haya pasado”. Terminó el comentario y se olvidaron de la murga. Diecisiete personas se pierden de compartir lo que están haciendo, y quedan sin trabajo. El murguista no tiene que dejar de ser murguista”.

¿CÓMO TE SENTÍS CON EL LENGUAJE Y EL CÓDIGO QUE MANEJA LA MURGA?

“Me gusta que la gente vibre con el popurrí. Me emocionan los quiebres de batería. Los distintos estilos de murga se encuentran en algún punto, pero es distinto cuando estás en el escenario diciendo cosas que sabés que a la gente le llegan. En el popurrí la gente está esperando que le digas algo, y ahí es cuando la murga es la voz del pueblo. El público apoya desde el aplauso en ese momento, y no se pone a cantar contigo porque no sabe la letra, pero si pudiera hacerlo, lo haría. Cuando te entreverás cantando la bajada entre la gente, y ves las sonrisas, te das cuenta de que a ellos les gustaría estar arriba del escenario. Cuando era chico me pasaba eso. Para mí los murguistas eran superhéroes gigantes. Con diez años veía a Los Saltimbanquis, y eran árboles gigantes de navidad bailando, todos brillosos” (risas).

¿VARÍA EL FOLKLORE DEL CARNAVAL EN LOS TABLADOS COMERCIALES CON RESPECTO A LOS POPULARES?

“Varía, sí. Por más que en el Velódromo haya cinco mil personas, no es lo mismo ir ahí que al Molino de Galgo, por ejemplo. Ahí es donde encontrás a la gente que está esperando que una murga le diga algo. A ese público le gusta cualquier estilo de murga. Es distinto el aplauso en un tablado popular que en uno comercial. El del Velódromo es otro público, que está como en otra postura, y se sienta a mirarte desde el “A ver,  ¿qué tienen para decirme?”, y te terminan aplaudiendo igual porque todos en el fondo disfrutamos de un espectáculo murguero. Con el mismo presupuesto del Velódromo, armás cuatro tablados en los barrios, y nadie hace nada por eso. En un momento se pierde la mística, y no vas al Velódromo a ver murgas, si no a estar ahí, o a esperar que pase una murga para que venga la siguiente”.

LAS CONDICIONES TÉCNICAS

“En estos últimos años se le da mucha importancia a las condiciones técnicas en los tablados. Creo que no tenemos que renegar al  género que tiene 100 años. Han pasado miles y miles de personas que han hecho murga, y se han registrado cosas a un micrófono solo que hasta el día de hoy seguimos cantando. Hoy sin embargo los murguistas se enojan porque no se escucha un retorno”.

¿CÓMO VIVISTE EL DÍA DE LA ACTUACIÓN EN EL TEATRO DE VERANO?

“Con Javier (Carvalho) comimos unos ravioles en casa, y después nos fuimos a maquillar. Mis compañeros venían y decían “¡Tranquilo, Jonha!”, porque era algo emocionante para mí. Me encanta ir temprano a pintarme, estar todo el tiempo ahí, bromear con mis compañeros, y estar dispuesto a traerles agua, etc. Durante la actuación me sentí sumamente cómodo. Todo el tiempo trataba de no mirar las cámaras, que ese es otro tema. ¿Por qué tenemos que hacer poses para la tele? Inconscientemente las hacés,  igual (risas). Pero es verdad, la televisión ha alejado a la gente del carnaval. Hay compañeros de trabajo que me dicen “Ves mejor a los espectáculos que en el Teatro de Verano”, y no las ves mejor. Las ves en tu casa sentado en  un sillón, tomando una coca y comiendo una pizza. El director de cámaras pasa a ser un integrante más de la murga. Si a él se le ocurre hacer los peores planos del mundo, la murga pasa a ser una cagada. Se pierden un montón de cosas. El canto, y lo que se dice pasan a ser secundarios. La radio, sin embargo, mantiene ese misticismo, porque implica que prestes más atención al espectáculo y te imagines cosas. No es que esté en contra de la masificación, pero ganamos en un montón de cosas, y perdemos en lo más importante que es lo que la murga canta y tiene para decir. De todas maneras lo disfruté mucho, lo sentí como un tablado más con una mejor amplificación, y un marco distinto”.

¿CON QUÉ SE VA A ENCONTRAR LA GENTE CUANDO VEA A MOMOLANDIA?

“Se va a encontrar con una murga que canta bien y fuerte. La musicalidad y los textos por momentos tienen cierta sensibilidad que te coloca en distintos estados. Hay una linda historia, que nosotros aún estamos trabajando. Representamos a personajes de la historia del arte que están muy ligados al carnaval (Colombina, Arlequín, Saltimbanqui, Pantaleón, Isabella, Scaramouche), que viven en la tierra de Momolandia. Todos ellos atraviesan el imaginario popular. No hay mucha risa, porque preferimos decir cosas, y que la risa sea un anexo a lo que está pasando. Hay mucha poesía, y los distintos pasajes son simpáticos. En general es un espectáculo lindo y sincero. En términos de concurso es ajustable pero competitivo”.

DISFRUTÁ DE LA ACTUACIÓN DE MOMOLANDIA EN LA PRIMERA RUEDA DEL CONCURSO OFICIAL:





domingo, 24 de julio de 2016

PÁGINAS DE MOMO - JIMENA VÁZQUEZ




El humor es “el motor que uno tiene para ser felíz”. Así es definido por Jimena Vázquez, una de las figuras del elenco de Humoristas “Cyranos”. Descubrió su pasión por la actuación cuando pequeña, y desde ese entonces el escenario ha sido su segundo hogar, tanto en teatro como en nuestra máxima fiesta popular. Lleva consigo como bandera la idea de que “el arte es un camino de aprendizaje continuo”, y reconoce que aún le quedan “muchísimas cosas por hacer”. Aquel sueño que comenzó a acunarse en la Villa del Cerro, hoy por hoy se ve reflejado en sus actividades. Desde el ruido y el movimiento característicos del centro montevideano, hubo espacio para una charla que atravesó por momentos y lugares que vale la pena conocer.

ARTE DESDE LA CUNA

“Hasta los cinco años viví en Barrio Sur, al lado de Isla de Flores, y siempre sacaba la cabeza por el balcón para ver las llamadas. Ahí empezó todo. Después me mudé para el Cerro, donde estaba mi familia por parte de padre. Mi primo salía en “Diablitos Verdes”, del Carnaval de las Promesas, y mi tío, Amilcar Duarte, salía en “Diablos Verdes”. Luego salió en El Gran Tuleque, y en Momolandia, ahora no está haciendo carnaval. Así que estaba esa parte de la familia que era carnavalera, pero sobre todo murguera. Un tiempo después, en el barrio surgieron unos nuevos humoristas. Tenía once años cuando fui a hacer el casting, me mandé y quedé en humoristas “Aventureros”. Ahí estuve dos años, y me di cuenta que algo de actuar y de hacer reír me simpatizaba. Después caí en Arteatro con Buby’s Bis (Parodistas de Carnaval de las Promesas). Saliendo en Aventureros siempre veía a los Bubys Bis y me encantaban los espectáculos que hacían, y se notaba que había un tiempo invertido en que los gurises pudieran aprender cosas a nivel artístico. Quedé en el casting de Buby's Bis, y Angie Oña justo estaba dando talleres de actuación en Arteatro, y a la par empecé a estudiar. Entonces desde el 2003 estoy metida en Arteatro”.

EL TRABAJO DE ELABORAR UN PERSONAJE

“No cambió mucho. Cyranos tiene una forma de trabajar más o menos establecida.  El esquema de trabajo es igual. Generalmente se empieza con talleres de improvisación. O te dicen “Este año hacemos de duendes”, y ya te vas armando una idea en la cabeza. A raíz de eso empezamos a hacer ejercicios entre todos. No hay como una elaboración en tu casa de ver qué siente el personaje. Lo que hago siempre es tratar de lograr una interacción con el compañero  en los ensayos, empapándome con la propuesta del otro. En carnaval hay mucha escucha, y tenés que estar  con todos los sentidos abiertos. Obviamente que uno le pone una impronta, y no hace las cosas de taquito, pero siempre el trabajo lo hago en los ensayos. A veces en tu casa se te ocurren cosas más de la narrativa, y no tanto de composición del personaje. Por ejemplo, este año en Cyranos, había un momento en que la vieja tenía un bastón, y con él tiraba papelitos, y eso es de estar copada con lo que estás haciendo, y ver qué jugo le podés sacar. Las sorpresas en carnaval generan pila de efecto”.


LO LINDO DEL CARNAVAL

“Carnaval tiene cosas que no están en ningún otro lado, estudies lo que estudies, y hagas lo que hagas. Existen los clásicos mecheros en carnaval. Estás diciendo el texto, y si te dijeron algo distinto, tenés que estar atenta para retrucar, y a su vez después seguir con el texto sin perderte. Lo que sucede además es que no existe la cuarta pared, y el público es el motor de cada conjunto. De repente estás haciendo una escena que requiere un nivel de concentración, y sentís “¡Churros, churros!”, entonces hay un montón de cosas que uno tiene que integrar que están por fuera de lo que uno ensayó durante todo el año. Uno toma esas cosas, y no hace de cuenta como que no sucedieron. Carnaval te amplifica la visión de la escena. Si estás haciendo un monólogo, y si ves que atrás hay quilombo quiere decir que esa persona no va a llegar a tiempo con el cambio, entonces tenés que pilotearla. Carnaval te da mucho manejo del espacio, porque vas al Teatro de Verano y tenés muchos micrófonos y vinchas, y vas a Manga y tenés cuatro micrófonos, y el tablado es de cuatro por cuatro. Hay que adaptarse a las distintas situaciones, y eso es lo lindo del carnaval, que te ayuda en el hecho de tener adquiridas un montón de variantes, que hacen que se te haga mucho más fácil actuar en un teatro”.

LA PERSONA QUE ESTÁ DETRÁS

“En el teatro hay una solemnidad y un respeto a lo que se está viendo. No hay nadie que te esté gritando “Bien, Jimena!”. En carnaval por mejor que esté intepretado el personaje, siempre ves a la persona detrás. Ves a Pacella, y te matás de risa, siempre está brillante, pero es él. Carballo puede hacer tremendo personaje trágico en una parodia, pero es él. En teatro, la persona queda en  el camarín, y entra el personaje a escena. Tenés que despojarte de lo que sos. El teatro es como casi un ritual. Estás maquillándote en el camarín, y no viene nadie a hacerte una entrevista, y a preguntarte “¿Cuántos tablados hicieron?”.

¿CÓMO TRANSCURRE EL PROCESO CREATIVO EN CYRANOS?

“Ha funcionado de diversas maneras. En este último año encontramos un estilo de creación que rindió muchísimo en lo artístico y en lo humano. Seguramente lo implementemos para el próximo carnaval. Fernando Toja trajo la idea de que transcurriera todo en un edificio, donde se contaban historias, y cada apartamento era una escena. Uno era un Call Center, otro era un secuestro, y otro era una reunión de consorcio, y a raíz de eso, él nos dijo que improvisáramos. Nos juntamos de a grupos, y me tocó armar el Call Center con otros compañeros. Muchos de los chistes del espectáculo surgieron ahí. Fernando grababa las escenas, y les mandaba los audios a Fabricio Speranza y Jimena Márquez para que las escribieran. Hay cosas que quedaron textuales. Entonces uno se siente totalmente partícipe del espectáculo, y  hay otro sentido de pertenencia, y no es que nos llegó un papel y dijimos: “Ta, vamo’ a hacer esto”. En los años anteriores hubo lugar para opinar, pero la diferencia es que este año sin querer queriendo, estábamos armando las escenas en acción. Me gusta mucho la forma de trabajar de Cyranos, porque la idea de ser partícipe no queda solo en la palabra, y los técnicos son muy receptivos”.

¿QUÉ CARNAVAL FUE EL QUE MÁS DISFRUTASTE?

“Todo se disfruta. El año que más me pegó fue el primer año que salí en Cyranos (2011), porque el conjunto volvía al carnaval, y encima salió primero. Fue una fiesta que confirmó que volvíamos para quedarnos. Este año Arteatro sufrió muchos cambios a nivel institucional, y el plantel de Cyranos también, se había modificado en un 80%, y hubo que remarla bastante. Se laburó para salir adelante, y ganamos el primer premio. Eso fue la frutilla de la torta. Esos dos fueron los carnavales de mayor emoción”.

¿CUÁNTO HAY DE JIMENA VÁZQUEZ ARRIBA DEL ESCENARIO?

“Soy media amarga en la vida normal, digamos. En carnaval siempre hecho personajes con un toque inocentón, y capaz que en la vida tengo un humor un poco más ácido. El humor es un motor que uno tiene para ser felíz. De todas maneras, todos los personajes que he hecho, tanto en carnaval como en teatro, se identifican con lo que soy. Siempre está la persona atrás de lo que se está mostrando”.