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jueves, 18 de abril de 2019


PÁGINAS DE MOMO


MAXIMILIANO PORCIÚNCULA


Foto: Carla Peña



Como todo uruguayo, de chiquito soñaba con ser futbolista. La pelota le tiraba más que el canto, pero andando el camino, la vida lo llevó a desarrollar su faceta artística. Esa timidez que en algún momento sintió, desapareció, y de pronto se encontró debutando en Carnaval a los 14 años con una murga histórica como Araca la Cana. Cuando revive cada momento reflexiona sobre la importancia que tienen las decisiones que uno debe tomar sobre la marcha. Hoy con 30 años, y con 18 vinculado al arte, se siente agradecido por cada persona que fue ayudándolo a tejer ese puente que hoy transita, con la felicidad de poder decir que trabaja como artista. Con la sencillez y humildad que lo caracterizan, Maximiliano Porciúncula se adentró en el viaje de recorrer su trayectoria, la cual tiene a nuestra máxima fiesta popular como su protagonista indiscutible.

¿CUÁLES SON TUS PRIMEROS RECUERDOS VINCULADOS CON EL CARNAVAL?

“Mi hermano mayor, Pablo (Porciúncula), me lleva 7 años. De adolescente él siempre fue muy inquieto y tenía muchas ganas de descubrir y de hacer. Tuve la suerte de tener un hermano mayor que tenía todas esas necesidades. La música me llegó por él, y recibí todo ese conocimiento que el hermano mayor te transmite. Me acuerdo que siempre iba a escuchar a los coros de murga que armaba mi hermano, con adolescentes que jamás habían cantado en su vida, y no tenían mucho conocimiento del género. Ese fue el primer acercamiento con una murga. Nosotros vivíamos a 10 cuadras de Avenida Garzón, cerca de Colón, y en 1999 cerca de casa estuvo la carpa de la Intendencia. Ahí una noche fueron a cantar los Diablos Verdes. Fue la primera vez que vi una murga en escena con todo lo que implica (vestuario, maquillaje, puesta en escena, batería). Descubrí el fuego que tiene una murga en vivo, y aparte se trataba de un murgón. Fue algo que me avasalló. Comparable con la primera vez que fui al estadio o la primera vez que vi el mar. Fue algo gigante, y los sentidos no te alcanzan para asimilarlo. Luego ya tuve la suerte de entrar a murga La Zafada, y con ella al Carnaval de las Promesas, conociendo más al Carnaval como el evento artístico y cultural que es, pero la imagen de esos Diablos Verdes no se me olvida más”.

¿Y AHÍ YA TE PICÓ EL BICHITO DE SER MURGUISTA?

“No. Siempre fui como hincha o espectador de todo lo que hacía mi hermano. Siempre lo acompañaba y me terminaba sabiendo las letras de las canciones en cada uno de sus proyectos. Pero aportaba desde el, lugar de disfrutar lo que estaba viendo solamente. No fui el niño que descubrió que quería ser murguista apenas escuchó cantar a una murga. De chico cantaba pero solo melodías que se me pegaban y sentía que las podía cantar. Ahí era cuando Pablo me decía “¡Bo, cantás afinado!”. Pero no hacía énfasis ni ponía la lupa en el canto. Tenía una terrible obsesión con el fútbol como todos los uruguayos (risas). De hecho todos mis recuerdos de la infancia son vinculados al fútbol. Entonces me acuerdo que Pablo se había enterado que la murga tenía un coro polifónico que cantaba una misma melodía arreglada con diferentes voces. Cuando empezó a investigar eso necesitó una rata de laboratorio y me pedía que cantara melodías para que él cantara el arreglo y armonizáramos. Me pedía que cantara cosas, y yo estaba desesperado por salir a jugar a la pelota. Pero era tanto lo que me insistía que cantábamos juntos un rato. Como sentía que lo podía hacer, le empecé a tomar el gustito a cantar con mi hermano, y sobre todo a cantar murga que es algo muy particular, porque se hace en grupo y sentís una energía divina. No estás solo nunca. Empezar a cantar de esa manera creo que fue lo que me ayudó a no alejarme de la música. Me aportó confianza y herramientas. Me acuerdo que al principio para mí era muy común irme con la melodía que cantaba Pablo, y no terminaba cantando la melodía que me tocaba. Ese entrenamiento tanto de a 2 como de a 20 cuando cantás en un coro, fue lo que más me atrapó de la murga”.

“ESA MURGA ERA LO MÁXIMO”

“Me acuerdo que empecé a ir a los ensayos de La Roba Montón que era la murga que se había armado en mi barrio. Tenía como 11 años, Me había aprendido las letras y la melodía, y me sumé a cantar con ellos sin que nadie me invitara. Entonces Pablo me dijo que desde el barrio vecino, cerca del Complejo América, salía una murga de niños que era La Zafada. Para mí esa murga era lo máximo, porque me tocó verlos en una fiesta de un club de Baby Fútbol y me vi reflejado al ver a esos niños cantando murga. Verlos a ellos cantando fue lo que terminó de despertar esa curiosidad. Cuando hablamos con Edén Iturrioz, que hasta el día de hoy sigue trabajando en la murga, nos dijo que había una fila enorme de gurises que querían sumarse. Eso me mató, porque pensaba que no iba a entrar nunca más al no ser del barrio. Pablo se encargó de insistirle a Edén hasta que accedió. Mi hermano me llevó al primer ensayo en bicicleta, y llegando a la puerta del ensayo vi que había niños muy chicos. Yo tenía 12 años en ese momento. Estaba viviendo esa etapa en la que dejaba de ser un niño, entonces me incomodaba un poco. Llegando a la puerta le dije a Pablo “Vámonos”, y me respondió “¡No! ¿Qué te vas a dar vuelta?” (risas). Me acuerdo que hacía un frío enorme y canté con la bufanda puesta. Solo se me veían los ojos. Ahí fue cando Edén, que es dios momo para nosotros, un maestro de la murga y de la vida, aparte de ser un amigo y un hermano, con toda su paz cantaba la melodía conmigo, y enseguida me hizo cantar un solo. En ese momento me quería morir. Fue como patear un penal en el debut. Siento que ese ensayo y romper con esos candados y prejuicios de cantar frente a niños y adultos fue el inicio de todo. Fue un punto de inflexión importante”.

¿CÓMO VIVISTE LA EXPERIENCIA DE HABER SALIDO EN LA ZAFADA?

“En la murga había mucha libertad, y nos podíamos equivocar tranquilos. Todo fluía y no estaba el prejuicio del error. La musicalidad que elige Edén siempre ha sido muy hermosa, porque te lleva a un coloque que lo disfrutás. Luego el profesionalismo a medida que vas creciendo te lleva a querer equivocarte menos, pero hay tablados puntuales en los que esa magia vuelve. Porque por un lado está lo técnico de la murga, pero por el otro lado cantar en murga tiene esa cosa ancestral que no sabés cómo pero el coro se está cantando todo, y de repente alguien canta un arreglo que nunca se había ensayado y queda bien. La Zafada tenía y sigue teniendo eso. Es festejo”.

“UN AÑO MUY INTENSO”

“Ese año salí en 3 murgas. La Zafada en Carnaval de las Promesas, La Vieja en Murga Joven y La Esquinera en Carnaval del interior. Se habían abierto muchas puertas y tenía la energía como para hacer todo eso. Tendría 14 o 15 años. Siempre estuve acompañado por mi hermano en todos los proyectos y los compartíamos. Fue un momento en el que conocí a mucha gente. Los grupos de esas murgas eran muy unidos y en general siempre he tenido la suerte de compartir experiencias lindas con todos los grupos que he integrado. De todas formas no volvería  a salir en 3 murgas (risas). A partir de ese primer ensayo que me tocó vivir con La Zafada arrancó toda una explosión de murga en mi mente. Fue un año muy intenso”.

¿CÓMO SE DIO TU DEBUT EN CARNAVAL CON ARACA LA CANA?

“Al año siguiente Pablo me invitó a salir en Araca la Cana. Catusa (José María Silva) me había escuchado cantar un par de veces y tenía ganas de incorporar a un adolescente. En ese momento tenía 14 años. Damián Lescano debutó ese mismo año con 16. Éramos como dos niños que siempre andaban revolucionando el ensayo. A los dos nos tocó vivir nuestro primer Carnaval en Araca la Cana como dos niños. Porque está el murguista de la década de los 80 que debutaba con esa edad en Carnaval y de repente ya llevaba una vida de adulto, trabajaba, se tomaba un whisky, etc. Pero yo me acuerdo que me llevaba un licuado de banana al ensayo, o de repente nos cambiábamos los championes con Damián porque nos gustaban más los del otro (risas). En los ensayos nos pedían silencio cada 5 minutos, hasta que Catusa no aguantó más y mandó a citar a nuestros padres por nuestra indisciplina en el ensayo. Así debuté en Carnaval, entre licuados de banana y jugando de manos con Damián Lescano (risas). De todas formas me di cuenta en ese año que hay aspectos del Carnaval que no son adecuados para los niños y los adolescentes. Ahora está más regulado lo de los menores que salen en Carnaval. Pero te das cuenta de un montón de cosas que están ligadas al hecho de trabajar en la noche. De repente no son tan positivas pero también te dejan un aprendizaje. Incluso después de dos años intensos saliendo en varios lados, dejé de salir en murga por un tiempo. Fue algo tan intenso que necesité no salir”.

Y LUEGO INCURSIONASTE EN EL PARODISMO…

“Pablo trabajaba como arreglador en parodistas Urbanos que salían en el Carnaval de las Promesas. Yo con todos mis prejuicios hacia el parodismo le dije que jamás iba a ir. Cuando llegué al ensayo me di cuenta que había una energía maravillosa y el grupo era muy especial. Terminé saliendo 3 años en Urbanos. Haber salido ahí me aportó mucho en el hecho de seguir rompiendo con prejuicios. Aprendí a cantar de otra manera e interpretar otras cosas. Me acuerdo que el encargado de la puesta en escena era Freddy González. Cuando se me presentó me preguntó “Vos, ¿qué vas a hacer?”. Le dije “Yo voy a cantar, que es lo que más o menos sé hacer”. Ahí largó una carcajada gigante y me dijo “¿Estás loco? ¡Esta parte la decís vos!”. Arrancaba el show con Damián Luzardo y yo haciendo un diálogo. Fue algo que me dio mucha vergüenza en ese momento, y gracias a Freddy tuve la chance de vivir esa experiencia de actuar. Pero sobre todo aprendí a cantar cosas que no fueran murga. Las canciones iban más por el lado de las baladas, y en el conjunto tuve mis primeras clases de canto. Tuve una formación diferente que me abrió un camino hasta hoy. Hay cosas que aprendí de esa época que aun las sigo implementando. Cantar de otra manera fue todo un desafío. Aprendí mucho de Damián Luzardo también, que era y es terrible cantante, así como de otro montón de compañeros, y Luís Quintana que era el profe de canto”.

Y DE REPENTE CON 17 AÑOS YA ESTABAS CANTANDO EN CONTRAFARSA…

“Luego de esos 3 años en Urbanos, al año siguiente, un día vuelvo del liceo rumbo a casa y veo que en la vereda estaba la moto de Luís Ortíz con un bombo atrás. Cuando llegué pensé “¡Me muero si me vinieron a buscar para salir en Contrafarsa!”. Veo a través del ventanal de la casa que Edén Iturrioz y Luís Ortíz estaban hablando con mi vieja porque me venían a hacer esa invitación. Al revivirlo me doy cuenta de que fue un momento que me marcó. Edén y Luís suponían que ya iba a aceptar, y estaban resolviendo algunos detalles con mi madre. A ella lo que quería era que yo estuviera en un lugar en el que me cuidaran, y ellos se estaban encargando de mentirle y disfrazar la cosa un poco (risas). Salir en Contrafarsa fue  retomar el hecho de salir en murga después de ese tiempo de descanso que me había tomado. Me acuerdo que ahí empecé a tomarme más en serio el hecho de salir en una murga, y entendía que podía llegar a transformarse en un trabajo. Además en esa etapa compartí con Alejandro Balbis que en ese momento me dio un envión muy importante. Justo hace poco compartimos escenario en el Sodre, dentro del toque del MPU, y recordamos esos momentos. Me acuerdo que un día después de un ensayo le mostré una canción a Alejandro, y medio que la empezamos a componer juntos. Él me dijo “¿Y vos qué pensás hacer con esto?”. Él veía un potencial en mí y yo aún no tenía la confianza para creerme que podía vivir de la música. Yo le dije que pensaba buscar alguna herramienta laboral que más o menos me gustara y trabajar de eso. Pero él insistía en que me dedicara a cantar y a componer. Cuando me lo dijo me convencí. Pensé que si ese tipo al que admiro tanto y que tiene tanto talento como para conseguir vivir de la música, me está diciendo esto, ¿por qué no intentarlo?. A partir de ahí tuve una actitud más positiva con respecto a poder vivir de la música en algún momento. Esa conversación me hizo cambiar el pensamiento. Para el Carnaval 2007 retorné a Araca la Cana. Fue un año precioso e incluso tuvimos la chance de girar por España. La verdad que siempre voy a estar agradecido con Araca porque me dio la posibilidad de debutar en Carnaval y siempre me sentí muy querido allí”.

“VOS TENÉS QUE SALIR EN AGARRATE CATALINA”

“Balbis también fue el que me recomendó para que saliera en Agarrate Catalina. Él me decía “Vos tenés que salir en La Catalina, es un grupo que te va a enseñar mucho”. Un día se cruzó con Yamandú y Tabaré y les propuso que los dos saliéramos ahí. Les dijo “Tengo dos integrantes para su murga: Maxi Porciúncula y Alejandro Balbis”. “¡Bueno! ¿Dónde firmo?” dijo Yamandú. Un día me crucé a Yamandú por el centro y me contó lo que le había dicho Balbis. A mí me encantaba la idea de participar en la murga. Veía que era un grupo que estaba consiguiendo cosas diferentes. Esa vez que nos cruzamos le di a entender que me encantaba la idea y que quería ser parte. Hasta que un día en el que salimos a cantar en los ómnibus con mi hermano Pablo viajando hasta La Paz, que era algo que siempre habíamos querido hacer pero no nos animábamos. Durante ese viaje Yamandú me llamó para invitarme a participar en la murga. La primera experiencia que viví con la murga fueron unas actuaciones en Córdoba, Argentina. Llegar ahí implicó asumir un montón de responsabilidades, ya que trabajamos mucho con la murga y había que cumplir con ciertas reglas. Entrar en La Catalina fue como entrar a un túnel del tiempo. En estos 12 años que hace que integro la murga hemos vivido muchísimas cosas. Al principio la familia preguntaba en qué andaba, y luego se fue acostumbrando a que siempre estaba actuando en algún lugar con la murga. Me perdí muchos días de la madre, cumpleaños, etc. Me sentí parte de la murga desde el primer momento, cuando me sumé para preparar el Carnaval 2008. Creo que en algún momento vamos a tomar una real dimensión de todo lo que nos ha pasado. Al punto de que hoy disfruto de trabajar en mi casa. Porque salimos tanto, y trillamos tanto el camino que pila de veces extrañaba estar en mi casa, y llevar adelante otros proyectos y necesidades.  Igual no me arrepiento ni loco. A esos 10 años en los que estuve girando con La Catalina no los cambio por nada. La Catalina se mantiene con una intensidad de trabajo increíble”.

SU PROPIO PROYECTO ARTÍSTICO

“En un momento me dieron ganas de cantar con mi hermano. Los desafíos siempre nos llamaron la atención. Empezamos a construir nuestras canciones y a trabajar como cantautores. Eso era algo que simpre estaba en la vuelta y lo compartíamos  con la familia y los amigos más cercanos, pero no se terminaba de transformar en un trabajo nuestro. Después de la experiencia que vivimos con La Catalina, decidimos bajarnos del elenco estable de la murga para empezar a meterle energía a nuestra carrera. Ese fue otro punto de inflexión importante en mi carrera artística. Hay días que me han marcado mucho, y ese fue uno. Esa fue la última gran decisión artística que tomé. El disco que hemos lanzado con la banda Senda 7 ha sido el fruto que empezó a cosecharse desde ese día. Trabajar en La Catalina es hermoso e ideal, pero teníamos ganas de salir de esa comodidad y mostrar nuestras canciones. La banda que hemos formado con Bruno, Mati y Germán, y toda la gente que da una mano y también forma parte, ha sido un reinicio en lo artístico”.

EN LOS AÑOS EN LOS QUE AGARRATE CATALINA NO SALIÓ EN CARNAVAL, ¿EXTRAÑASTE SUBIRTE AL ESCENARIO EN FEBRERO?

“Ir al tablado y escuchar una batería de murga ya te despierta las ganas de subir al escenario. Si bien no lo sufrí tanto porque La Catalina siempre siguió trabajando, febrero tiene una mística única. La temperatura que hace en el mes, sentir el olor a chorizo, y que el público esté expectante, son algunos de los condimentos necesarios para que el gen del murguista esté ahí, a flor de piel. También durante los carnavales que no salí disfruté de los espectáculos como cuando era chico. Esos carnavales me devolvieron la alegría y la maravilla de ser espectador”.

¿CÓMO VIVISTE ESTE CARNAVAL 2019?

“Este año Carnaval fue como un embudo para mí. Arranqué sintiéndome el menos carnavalero, y terminé siendo el más carnavalero con todo lo que eso implica. Arranqué haciendo otras actividades, y a mitad de Carnaval ya no podía hacer otra cosa que estar enfocado en la murga. Salir en carnaval requiere tanta energía y concentración que es algo que te avasalla. Con la murga en este último carnaval hicimos más de 120 tablados, entonces tratabas de aprovechar el tiempo libre que te quedaba con la familia o haciendo otras cosas. Hoy por hoy estoy entrando en esa de que cumplí 30 años. Hay etapas que uno va quemando, y de esa forma va viendo la vida de diferente manera. El carnaval no fue una excepción. Cuando era más chico al salir en Carnaval mi atención estaba en otro lado, y había cosas que no las valoraba. Una vez que volví a salir en Carnaval con la murga luego de 7 años me di cuenta de que me encontré disfrutando de momentos que de repente antes deseaba que pasaran rápido. Viví la experiencia totalmente de otra manera, y este ha sido el carnaval que más disfruté por lejos”.

SI TU CARRERA ARTÍSTICA FUERA UNA FOTO, ¿QUIÉNES ESTARÍAN EN ELLA?

“Seguro estaría mi familia por el apoyo. Por más que el arte se vea como algo inestable, mi familia hace que confíe en lo que hago y me dedique de lleno a eso. Siempre me cuidaron y me apoyaron. También estarían todos los conjuntos que me abrieron las puertas, y me dejaron entrar a su casa. Más allá de que ya mencioné a mi familia, quiero resaltar en esa foto a mi hermano Pablo por ser el que me acercó a la música, a Edén Iturrioz, Alejandro Balbis, Yamandú, Martín y Tabaré Cardozo. Todos ellos son maestros de la música y de la vida que compartieron su conocimiento conmigo sin dudar. La carrera artística se construye a raíz de eso. Es como un puente que se va formando con la energía de esas personas que aparecen, de los amigos, de la familia, etc. Si no fuera por esa buena vibra, los artistas no existirían. Vos podés transmitir mucho, pero también dependés de lo que te van a devolver. Seguro esa foto sería un collage de eso. También estaría todo aquel que comparte una publicación y difunde lo que hago. Esa gente hace posible que seas artista, quizás sin darse cuenta. A toda esa gente le estoy eternamente agradecido. Gran parte de mi energía y mi gratitud siempre va para la gente que simplemente te desea lo mejor sin esperar nada a cambio. Cada vez que tomo conciencia de que trabajo como artista solo me sale agradecer, y a ese ejercicio de la gratitud no lo voy a abandonar nunca”.

   
        

domingo, 7 de abril de 2019

PÁGINAS DE MOMO 

 MATÍAS BRAVO






El carnaval siempre merodeó por los pasillos de su casa desde que era un niño, y la influencia de una familia tan carnavalera terminó pesando para que aquel gurí que apenas cantaba en su hogar y se dejaba llevar por la timidez, hoy sea una de las voces más disfrutables de nuestra máxima fiesta popular. El destino le tenía un montón de experiencias guardadas, que ha ido transitando en 14 años ininterrumpidos entre Carnaval de las Promesas, el Encuentro de Murga Joven y el Concurso Oficial del Carnaval. Han ido variando las personas que lo han rodeado, y los espectáculos de los que ha tenido la posibilidad de ser parte. Pero lo que aun permanece en él es ese disfrute por el simple y majestuoso hecho de cantar dando vida a un género artístico que ama. Matías Bravo abrió las puertas de su casa, y cedió una hora de su día para mate mediante, charlar sobre el camino que viene recorriendo desde mucho antes de subirse a un escenario por primera vez.


¿CUÁL FUE TU PRIMER CONTACTO CON EL CARNAVAL?

“Obviamente que ir al tablado con mis viejos. En mi familia nadie cantaba, ni nadie salía en carnaval. Pero era la típica casa en la que en febrero de lo único que se podía hablar era de carnaval. Sigue sucediendo hasta hoy. Mi viejo es insoportable (risas). No habla de otra cosa durante febrero, y en el resto del año siempre habla de fútbol. Es el uruguayo ideal, pero que no toma mate, así que es raro. Pero siempre éramos de ir al tablado. Mi viejo siempre me dice: “A vos te salvó el Pinocho Sosa”, porque un día estaba en el Defensor Sporting, y me perdí. Pinocho vio que estaba perdido y me llevó con mis padres, así que gracias a Pinocho Sosa estoy acá dando  esta nota (risas). También éramos de ir al Primero de Mayo, y un poco más de grande arranqué a ir solo al Monumental de Tres Cruces. Hay pila de anécdotas de cuando pasábamos yendo al tablado. Me acuerdo que siendo chiquito una vez un integrante de Antimurga BCG me regaló una mandarina al bajarse del escenario, y también me puso su sombrero. Yo no entendía mucho. Le hablé a mi madre y le pregunté si me podía comer la mandarina, y me dijo que sí (risas)".

¿QUÉ MURGA FUE LA PRIMERA QUE TE SEDUJO?

“Creo que por herencia de mi hermano, que también es muy carnavalero, la primera murga que me sedujo fue Contrafarsa. Aparte mi hermano tenía todos los discos. Después me empezaron a llamar la atención las murgas de la Unión, por esa fuerza que tienen en el canto. Luego me empezó a gustar todo, porque te das cuenta que Contrafarsa tenía un montón de cosas que estaban mortales, y las murgas de La Teja tienen otro montón de cosas que son maravillosas. De todas podés aprender un poco. Incluso esto que me ha pasado en los últimos años, de ir a un título, y luego a otro, y luego a otro, me parece fantástico. Porque más allá de que conocés gente increíble, podés ver las distintas maneras que tienen los diferentes títulos de armar los espectáculos. Te das cuenta que Patos Cabreros no tiene nada que ver con La Gran Muñeca, y que Falta y Resto no tiene nada que ver con ninguna otra murga que haya integrado. Todo eso me parece muy rico”.

¿CUÁNDO TE PICÓ EL BICHITO DE EMPEZAR A SALIR EN EL CARNAVAL DE LAS PROMESAS?

“El bichito no me picó. Yo cantaba muchísimo en casa pero era muy tímido y vergonzoso. Ni siquiera se me pasaba por la cabeza participar del Carnaval de las Promesas. Mi hermana ya había participado sí, y además estaba haciendo Murga Joven. En Promesas ella estaba saliendo en murga La Susodicha. Faltaban gurises, y medio que me impuso la idea de salir. No me quedó otra opción que sumarme. Ese era el último año de ella en Promesas, y yo seguí como por 4 años más en esa murga. La Susodicha tenía un matrimonio atrás que era el que coordinaba todo, y era una murga rodeada de gente muy generosa y cariñosa. Tenían la cabeza esa de “sacamos la murga para que los gurises no estén en otras cosas”. Quizás la murga tenía ciertas falencias en lo artístico, porque no era que nos cantábamos todo, pero había un laburo social muy lindo. Y desde ese momento todos los años he hecho murga. Hoy tengo 26 años. Estamos hablando que han sido 14 años de aprendizaje, de un montón de experiencias, que si no las hubiera vivido hoy sin dudas sería distinto”.

“YO QUIERO IR PA’ TU MURGA”

“Estando en La Susodicha me pasaba que veía a La Zafada y me encantaba. Hasta que en un momento consigo el teléfono de Carlos (Rugnitz) que es el director responsable de la murga. Lo arranqué a atomizar. Me acuerdo que lo llamaba mucho, y le decía “Yo quiero ir pa’ tu murga”. Incluso había avisado en La Susodicha que quería ir para La Zafada, y que iba a hacer todo lo posible para conseguirlo. Arranqué a llamar a Carlos en abril, y la murga empezaba a ensayar más o menos en agosto. Así que imagínate la cantidad de veces que lo llamé. Él me decía “todavía no arrancamos, y no sabemos cuándo vamos a arrancar a ensayar, pero vení un día y vemos”. Un día me dijo que vaya y me fui para Colón, que es el barrio desde el que sale la murga. No tenía ni idea de dónde ensayaba la murga. Me acuerdo que me tomé el 526 y se subió Edén (Iturrioz), que trabaja con La Zafada. Pensé “¡Es mi salvación! ¡Me voy con él! (risas). Lo saludé, me presenté y me fui con él. Ligué como un caballo, porque si no capaz que hasta ahora estaba buscando el local de ensayo de la murga. Me acuerdo que en ese momento me dio vergüenza decirle a Edén que me gustaba la Contrafarsa, y nunca se lo dije, para no quedar como un chupamedias. Me encontré con una murga que ensayaba con una dinámica totalmente distinta. Pasa que Edén es un despegado y nos exigìa pero sabía hasta qué punto, siempre sin propasarse- Después el estilo de la murga te puede gustar o no, pero no es casualidad que de ahí salgan tantos gurises cantando tan bien. En todos estos años han salido chiquilines que se han formado en La Zafada y que cantan o tocan que es un disparate. El gran “culpable” de eso es Edén, y además la murga tiene un respaldo por parte del  grupo de padres que es impresionante. Las veces que he ido a ver ensayos me he encontrado con que sigue existiendo ese ambiente familiar y que nada ha cambiado. Cada año aparecen 3 o 4 chiquitos que son unas bestias cantando. Y ahí te preguntás “¿De dónde salen?”. La Zafada me ha regalado muchas amistades que son divinas. Recuerdo que cuando se incendió mi casa toda la murga fue a darnos una mano. Son cosas de las que no te olvidás más”.

¿CÓMO SE DA TU LLEGADA A FALTA Y RESTO Y CÓMO VIVISTE LA EXPERIENCIA DE SALIR EN LA MURGA?

“Diego Bueno vio un video del ensayo de La Zafada que había grabado su madre, y al verme le preguntó quién era yo. Él salía en Falta y Resto y justo faltaba alguien en la murga para hacer unas giras. Yo jamás había hablado con Diego, no teníamos trato en ese momento. Fue un cambio tremendo porque había arrancado a ensayar con La Zafada para el Carnaval de las Promesas, y al mismo tiempo ensayaba con Falta y Resto. Estando en La Falta no tenía idea de nada, y no tomaba la dimensión de lo que me estaba pasando. Me acuerdo que aprendí mucho, porque La Falta me hizo enfrentarme a un montón de cosas. De repente por un motivo puntual, alguien que cantaba en tal parte no podía cantar, y ahí me decía que yo me encargara de eso. Y esas cosas llegaban a suceder minutos antes de actuar, por más que no habías ensayado la parte que estabas a punto de hacer. La experiencia de tener que resolver en un rato algo que podrías haber ensayado con tiempo te da mucha adrenalina. También en la murga aprendí que el errarle en escena tampoco es tan malo, porque solo no se equivoca el que no hace nada. Tuve que cantar canciones solo, algo que en Promesas nunca me había pasado. Aparte se trataba de un título con peso. De repente me encontraba cantando en otro país, para mucho público. Me acuerdo que en  Argentina era tremendo porque la Falta sigue siendo un fenómeno. Tengo un cariño gigantesco hacia la murga. Entré con 17 años y arranqué a salir del país con la murga, porque jamás había ido al exterior. Me acuerdo que mis viejos antes del primer viaje me fueron a despedir al puerto y gritaban cosas como “Cuiden al nene” (risas). Hice muchos kilómetros con la murga y canté cosas que unos años antes me ponía a escuchar en casa haciendo los deberes del liceo. Al principio el compañero que me llevaba menos edad, me llevaba 10 años. Después entró Leandro (Castro), que es más cercano a mí en edad. El grupo me cuidó mucho. Cuando compartís muchísimos momentos con un grupo, se dan relaciones muy cercanas. Hubo giras en las que convivimos durante más de 20 días. Las giras largas eran muy cansadoras, a veces a los 10 días ya te querías volver. Si el grupo no hubiera sido tan fuerte, capaz que esos momentos eran complicados. Uno de los años que más disfruté con la murga fue el 2015, porque varios ex compañeros de La Zafada se sumaron a La Falta. Entonces te encontrabas en tremenda murga, y encima compartiendo con tus amigos. Además me encantó cómo se encaró el espectáculo ese año, y convivimos ese Carnaval con mucha alegría. Se armó una barra con una mezcla de edades que estaba buenísima. Lo disfrutamos el doble porque en ese año no salieron Raúl (Castro), y el mono (Orlando Da Costa), entonces la responsabilidad era mayor. Cada noche después de las actuaciones en el Teatro de Verano por el concurso, aquello era una fiesta. Fue una experiencia hermosa haber pasado por Falta y Resto”.

LA EXPERIENCIA DE SALIR EN DON TIMOTEO

“En el momento no tomé conciencia de lo que estaba pasando. Capaz que ahora me doy cuenta un poco más. Me iba de La Falta luego de muchos años, y salir de esa zona de confort me daba un poco de miedo. Conocía a muchos compañeros en Don Timoteo, pero solo había salido con Gonzalo Imbert en la murga joven “Che Papusa”. Conocí gente en Timoteo con la que somos como hermanos, y cada vez que nos encontramos nos ponemos al día como dos viejas chusmas, nos extrañamos, y nos decimos que queremos salir juntos de nuevo. Eso es lo bueno que tiene ir saliendo en distintos lugares, porque conocés un montón de gente que te enseña pila. Para ese espectáculo hubo aportes de casi todos los compañeros. Todo el grupo manifestaba su postura frente a lo que se proponía, y eso estaba mortal. Estuvo bueno ver cómo los tipos le dieron un engranaje al espectáculo. Una vez que aparecían los enganches, lo que cantabas tomaba mayor sentido. Te dabas cuenta que todo tenía un que ver. Hubo un laburo importante desde lo escénico con el Pinocho (Pablo Routin), porque no eras un hombre disfrazado de mujer, si no que tenías que ser mujer. En un momento me costó entrar en el personaje porque además estaba acostumbrado a que en Falta y Resto no se trabajaba casi nada la puesta en escena. Hoy por hoy, a raíz de haber estado en Timoteo entiendo el valor y la importancia que tiene la puesta. Me acuerdo que el Pinocho me dijo una vez: “No te salía, en un momento te salió y no volviste más a ser Matías. Para mí que ahora hasta estás yendo al supermercado en personaje”. El armado de ese espectáculo fue un proceso recontra lindo. Además fue el primer año que estaba en una murga que apuntaba mucho al concurso. También nos fue re bien en el concurso y eso le dio como un plus. Fue divino compartir un Carnaval con ese grupo. Por suerte este año varios volvimos a salir juntos en La Gran Muñeca”.

“FUE TREMENDO CAMBIO LLEGAR A LOS PATOS”

“A Patos Cabreros me arrimó Riquelme (Álvaro Denino). Lo adoro, es tremendo murguista con una garganta de fierro. Me encontré en una murga con un estilo completamente distinto. Además el grupo era diferente, ya que solo había salido con Riquelme. Capaz que la murga tenía un mecanismo de laburo que no comparto tanto. No digo que sea mejor o peor, pero era distinto y yo hubiese preferido otro sistema. Fue un año precioso. Se armó una barra tremenda y con gente de ese año siempre surge la típica conversación esa de “hay que verse más seguido”. Fue tremendo cambio llegar a los Patos hasta en el momento de cantar. Los arreglos corales eran totalmente distintos a los de Timoteo. Un montón de cosas que sucedieron en el proceso de ese año, se superaron porque el grupo era muy fuerte. He ligado muy bien con los grupos, y siempre he salido con buena gente”.

¿CÓMO TE SENTÍS HOY INTEGRANDO LA GRAN MUÑECA, Y CÓMO VIVISTE ESTE CARNAVAL 2019?

“La Gran Muñeca es una murga preciosa, en la que es muy lindo salir. Ni dudé en irme para La Muñeca también por el cuadro que se había armado en el que tengo muchos amigos. Este año tuve varios asuntos personales que atender y la murga siempre me bancó la cabeza. Siento que en otro lugar no habrían tenido ese gesto conmigo. Este año falté muchísimo a los ensayos por asuntos importantes, cosa que no me había pasado nunca, porque me pone nervioso faltar, y la murga nunca me reprochó nada. Se labura muchísimo. El Pistola (Mega) es un tipo que todo el tiempo está trabajando para la murga. Son las 8 de la mañana y te llegan mensajes de él mandándote audios de los ensayos para que no te pierdas nada. Después el resultado te puede gustar o no, pero se trabaja mucho. Hay mucha cosa que se hace a pulmón también. Se vive un ambiente familiar en la murga y hay un sentido de pertenencia muy grande. Es una murga que tiene tremenda hinchada, e incluso hay gente que se ha tatuado cosas de La Gran Muñeca. Está divino formar parte de la murga. Pasamos un carnaval precioso”.

¿HAY ALGO QUE ESTÉ PENDIENTE EN TU CARRERA ARTÍSTICA?

“No tengo ni idea. Seguramente lo voy a ir viendo. Capaz que en algún momento arme un proyecto solista con un grupo. Creo que hay un montón de cosas que me restan aprender para encarar eso, porque no solo se trata de cantar bien. Formando parte de la banda de El Alemán me di cuenta de que hay un montón de cosas detrás de lo que simplemente se ve en escena. Por ahora es todo muy incierto, pero seguro dentro de un tiempo tenga más claro qué quiero hacer”.

GRACIAS AL CARNAVAL YO…

“Gracias al carnaval yo soy este Matías. Hay muchas cosas de mi personalidad que se las debo a las experiencias que he vivido en Carnaval. Sin el Carnaval hubiera sido otra persona totalmente diferente. Tendría otra manera de vivir y relacionarme. Seguramente no estaría dando notas. Igual me siguen dando un poco de pudor, pero voy mejorando (risas)”.   

jueves, 14 de diciembre de 2017

DESDE LA GESTIÓN

CARNAVAL DE LAS PROMESAS 2018








Seguramente a cualquier uruguayo, la palabra “carnaval” le remita enseguida en su mente a la fiesta que tiene lugar en febrero mediante los corsos barriales, escenarios populares y comerciales, y por supuesto, el Concurso Oficial en el Teatro de Verano. Probablemente hay mucha gente que no sabe que ese espacio de expresión a través del arte no es el único que existe. Desde fines de diciembre y hasta mediados de enero, el Carnaval de las Promesas vive su fiesta en el Ramón Collazo del Parque Rodó, y año tras año le permite manifestarse desde el escenario a cerca de 2000 niños y jóvenes de entre 5 y 18 años. Un total de 37 conjuntos se dividen en 5 categorías (murgas, parodistas, humoristas, revistas y sociedad de negros y lubolos, y reciben la puntuación de un jurado que en esta edición estará compuesto por ex participantes del Carnaval de las Promesas. El día domingo 17 de diciembre transcurrirá el desfile inaugural por la avenida 18 de Julio, y el martes 26 de diciembre dará inicio el Concurso Oficial desde el  templo de Momo.  La secretaria de la Asociación de Directores del Carnaval de las Promesas, Betty Cucaro, se refirió a varios de los detalles que hacen a este popular evento de nuestras carnestolendas, y desde la comodidad de su casa contestó las siguientes preguntas.  



¿CÓMO SE HA DADO EL PROCESO DE CARA AL CARNAVAL DE LAS PROMESAS 2018?

“Nos hemos encontrado con algunas novedades. Tuvimos que afrontar nuevas cosas. El Encuentro Evaluatorio se hizo en el Velódromo Municipal. La experiencia fue buena. Este año se sumaron 8 conjuntos nuevos y vuelve la categoría de lubolos. Este año habrá 5 categorías (Murgas, parodistas, humoristas, revistas y sociedad de negros y lubolos). El proceso arranca a gestarse en marzo, y a fines de abril tienen lugar las asambleas mensuales con los directores de los conjuntos y también algunos que no lo son, pero concurren a las asambleas en calidad de socios y aportan. De todas maneras, la directiva se reúne todos los lunes. Este año el concurso lleva el nombre de un ex director, el Sr. Gerardo Alvez, que todo el mundo lo conoce por “El Capi”. Se decidió ponerle su nombre al concursos por su trayectoria, y porque es muy querido por los componentes de todos los conjuntos”. 

¿QUÉ TIPO DE DECISIONES SE HAN TOMADO EN LAS ASAMBLEAS MENSUALES?

“Se han tomado decisiones importantes. Por ejemplo este año se armó una subcomisión que está integrada por componentes de conjuntos para organizar el desfile inaugural. Cada conjunto eligió a su propio delegado, y por este tema los propios delegados han tenido reuniones en la Intendencia para tratar el tema. Este año el desfile va a tener una temática que se llama “La Fiesta”. En principio iba a ser en la rambla, porque la IM entiende que carnaval de las promesas tiene que empezar a apropiarse de otros lugares, pero por la escasa iluminación de la rambla finalmente se resolvió que por este año sea en 18 de Julio. Se van a juntar todos en la Plaza Cagancha y van a desfilar desde la calle Paraguay hasta la explanada de la IM, con la particularidad de que van a hacerlo todos juntos, sin diferenciación por conjunto o categoría. Luego va a haber un cierre con bandas musicales en la explanada de la IM”.

EL NUEVO JURADO

“El jurado está compuesto por ex componentes del carnaval de las promesas. Eso está buenísimo. ADICAPRO  hace mucho tiempo que lo venía pidiendo. Le planteamos la idea a Ramiro Pallares que conoce el concurso y se ha puesto la camiseta del Carnaval de las Promesas trabajando en la IM, y le pareció una idea muy buena. Ya me pasó de emocionarme viendo al jurado en el encuentro evaluatorio viendo al jurado. A Marianita Escobar la conozco desde que era niña, también a Christian Moyano, etc. Además cuando ellos dieron la evaluación fue algo distinto a otros años, porque se trata de personas que vivieron la misma experiencia que hoy viven los chiquilines”.

¿QUÉ LE APORTA AL EVENTO EL HECHO DE QUE EL JURADO ESTÉ CONFORMADO POR EX PARTICIPANTES DEL CARNAVAL DE LAS PROMESAS? 

“El enfoque de ellos es diferente por la experiencia de haberlo vivido. Saben lo que sienten los gurises. Es más, cuando se dio la instancia del encuentro evaluatorio, el jurado dialogó con muchos de los componentes al tiempo que daba la devolución, y de repente un chiquilín decía “Si, me paso eso por…”, y alguien del jurado interrumpía diciendo “Sí, te paso eso por tal, y tal cosa”. El trato entre el jurado y los gurises es de una calidez impresionante. No tengo nada contra jurados anteriores pero este año es muy diferente porque el jurado se siente como un componente más. Llegado el momento de puntuar puede que esa empatía haga que los resultados sean justos. Igual siempre van a haber cinco conjuntos contentos y el resto va a chillar pero es el momento y después todo pasa y los conjuntos hacen fiestas hasta altas horas de la madrugada. De eso se trata el Carnaval de las Promesas”.

¿CUÁL ES TU VISIÓN ACERCA DE LA COMPETENCIA EN EL CARNAVAL DE LAS PROMESAS?

“La competencia está buenísima siempre y cuando sea sana. Cuando entrás a un concurso ya conocés cuáles son las reglas del juego. De a poco se le ha sacado la presión del concurso a los chiquilines. Por ejemplo, tratamos de que el concurso en el desfile sea con menciones y no por puntaje. También organizamos diferentes jornadas durante el año en las que los conjuntos se hacen amigos entre sí. De repente después ves que los utileros de un conjunto son componentes de otro”.

¿EN QUÉ MEDIDA EL CARNAVAL DE LAS POMESAS HA EVOLUCIONADO?

“Llegué a ADICAPRO en 2002 y artísticamente ha evolucionado muchísimo. Antes se trataba de una instancia más que nada social, y ahora hay una formación. Muchos de los chiquilines que participan ya son unos profesionales. Hemos visto a muchos triunfar por ahí, es como el fútbol. No solo los ves en carnaval mayor, sino que también triunfan en otros lugares como el SODRE, y la Comedia Nacional.  Tengo un trato muy íntimo con los gurises del carnaval de las promesas y me alegra mucho de que les vaya bien. Ya me ven y saben que soy las que le va a hacer el carnet que el director no les dio en el teatro, y entonces me llaman (risas)”.

¿QUÉ SIGNIFICA EL CARNAVAL DE LAS PROMESAS PARA VOS?

“Significa una alegría inmensa. Es una parte de mi vida que si no la tuviera sería un vacío enorme. Paralelamente soy la coordinadora de Bubys Bis, pero tengo buena relación con todos. Recientemente tuve un accidente y no hubo quien no me llamara. Entonces uno se da cuenta de que va por buen camino, porque si no no recibe tanto afecto. Aparte los gurises son sinceros, y si su cariño está es porque existe”. 

¿QUÉ FUE LO QUE TE LLEVÓ A METERTE DE LLENO EN LA GESTIÓN DEL CARNAVAL DE LAS PROMESAS?

“Empecé por mis hijos. Había un grupo de chiquilines en mi barrio, entre los que ellos estaban,  que actuaban de forma amateur y se reunieron en mi casa para pedirme si no los podía ayudar para participar en el Carnaval de las Promesas. En aquel momento me pareció una locura. Pero dije “Bueno, vamos!”. Nos encontramos con un montón de gente que nos orientó con la gestión y nos metimos. Fuimos a dar la prueba, pasamos y seguimos. En el 2005 me invitaron a integrar la comisión fiscal y acepté la propuesta. Desde ese momento he pasado por todos los puesto (fiscal, tesorera, secretaria de acta y ahora secretaria ( Me falta ser la presidente, nomás (risas)”.

¿QUÉ CONSIDERÁS QUE LE HACE FALTA AL CARNAVAL DE LAS PROMESAS?

“Lo primero y fundamental que le falta al Carnaval de las Promesas es la difusión. Hemos golpeado un montón de puertas. Si no fuera por los canales de YouTube y el Momodiario, no tendríamos prácticamente difusión. Somos conocidos gracias a los medios que nombré y a las radios online que transmiten. Y el Momodiario es la única prensa  escrita que tenemos. A los gurises les encanta aparecer en el diario. Me parece que es complicado conseguir que los medios difundan porque ellos creen que no es muy comercial. Nos haría muy bien tener más difusión, porque si ya juntamos una buena cantidad de público en las etapas, imagínate si fuéramos más difundidos”. 

EL ÉXITO DEL ENCUENTRO EVALUATORIO

“El marco de público en el Encuentro Evaluatorio fue impresionante. La entrada era un alimento no perecedero, y todo lo que juntáramos lo íbamos a donar a la Escuela Horizonte. Cuando llevamos un camión lleno a esa escuela, nos dijeron “¡Por favor no traigan más! Repartan a otros que con esto tenemos para meses”. Entonces terminamos donando a 7 u 8 instituciones. Esas experiencias son buenísimas porque te encontrás con realidades diferentes que te tocan. El año que viene apostamos a que los conjuntos vayan a actuar a esas instituciones”. 

¿SERÍA MUY UTÓPICO PENSAR EN EL HECHO DE QUE EL CARNAVAL DE LAS PROMESAS TENGA MÁS INSTANCIAS DURANTE EL AÑO?

“Se está pensando en eso. Siempre en ADICAPRO tuvimos el problema de no disponer de una casa. Existe la posibilidad de que el año que viene tenga su casa y poder hacer una escuela para que los chiquilines se formen artísticamente abarcando todas las disciplinas. Y ese espacio daría para hacer un carnaval de invierno. Los chiquilines reclaman esas instancias, y los directores te dicen “Gastamos tanta plata en vestuario para que el conjunto los use 2 o 3 veces”. Hace mucho que tenemos esta idea y la queremos realizar.  Estaría bueno que se sumara gente joven a la directiva con una mente más fresca. Estamos abiertos a los cambios”. 

domingo, 24 de julio de 2016

PÁGINAS DE MOMO - JIMENA VÁZQUEZ




El humor es “el motor que uno tiene para ser felíz”. Así es definido por Jimena Vázquez, una de las figuras del elenco de Humoristas “Cyranos”. Descubrió su pasión por la actuación cuando pequeña, y desde ese entonces el escenario ha sido su segundo hogar, tanto en teatro como en nuestra máxima fiesta popular. Lleva consigo como bandera la idea de que “el arte es un camino de aprendizaje continuo”, y reconoce que aún le quedan “muchísimas cosas por hacer”. Aquel sueño que comenzó a acunarse en la Villa del Cerro, hoy por hoy se ve reflejado en sus actividades. Desde el ruido y el movimiento característicos del centro montevideano, hubo espacio para una charla que atravesó por momentos y lugares que vale la pena conocer.

ARTE DESDE LA CUNA

“Hasta los cinco años viví en Barrio Sur, al lado de Isla de Flores, y siempre sacaba la cabeza por el balcón para ver las llamadas. Ahí empezó todo. Después me mudé para el Cerro, donde estaba mi familia por parte de padre. Mi primo salía en “Diablitos Verdes”, del Carnaval de las Promesas, y mi tío, Amilcar Duarte, salía en “Diablos Verdes”. Luego salió en El Gran Tuleque, y en Momolandia, ahora no está haciendo carnaval. Así que estaba esa parte de la familia que era carnavalera, pero sobre todo murguera. Un tiempo después, en el barrio surgieron unos nuevos humoristas. Tenía once años cuando fui a hacer el casting, me mandé y quedé en humoristas “Aventureros”. Ahí estuve dos años, y me di cuenta que algo de actuar y de hacer reír me simpatizaba. Después caí en Arteatro con Buby’s Bis (Parodistas de Carnaval de las Promesas). Saliendo en Aventureros siempre veía a los Bubys Bis y me encantaban los espectáculos que hacían, y se notaba que había un tiempo invertido en que los gurises pudieran aprender cosas a nivel artístico. Quedé en el casting de Buby's Bis, y Angie Oña justo estaba dando talleres de actuación en Arteatro, y a la par empecé a estudiar. Entonces desde el 2003 estoy metida en Arteatro”.

EL TRABAJO DE ELABORAR UN PERSONAJE

“No cambió mucho. Cyranos tiene una forma de trabajar más o menos establecida.  El esquema de trabajo es igual. Generalmente se empieza con talleres de improvisación. O te dicen “Este año hacemos de duendes”, y ya te vas armando una idea en la cabeza. A raíz de eso empezamos a hacer ejercicios entre todos. No hay como una elaboración en tu casa de ver qué siente el personaje. Lo que hago siempre es tratar de lograr una interacción con el compañero  en los ensayos, empapándome con la propuesta del otro. En carnaval hay mucha escucha, y tenés que estar  con todos los sentidos abiertos. Obviamente que uno le pone una impronta, y no hace las cosas de taquito, pero siempre el trabajo lo hago en los ensayos. A veces en tu casa se te ocurren cosas más de la narrativa, y no tanto de composición del personaje. Por ejemplo, este año en Cyranos, había un momento en que la vieja tenía un bastón, y con él tiraba papelitos, y eso es de estar copada con lo que estás haciendo, y ver qué jugo le podés sacar. Las sorpresas en carnaval generan pila de efecto”.


LO LINDO DEL CARNAVAL

“Carnaval tiene cosas que no están en ningún otro lado, estudies lo que estudies, y hagas lo que hagas. Existen los clásicos mecheros en carnaval. Estás diciendo el texto, y si te dijeron algo distinto, tenés que estar atenta para retrucar, y a su vez después seguir con el texto sin perderte. Lo que sucede además es que no existe la cuarta pared, y el público es el motor de cada conjunto. De repente estás haciendo una escena que requiere un nivel de concentración, y sentís “¡Churros, churros!”, entonces hay un montón de cosas que uno tiene que integrar que están por fuera de lo que uno ensayó durante todo el año. Uno toma esas cosas, y no hace de cuenta como que no sucedieron. Carnaval te amplifica la visión de la escena. Si estás haciendo un monólogo, y si ves que atrás hay quilombo quiere decir que esa persona no va a llegar a tiempo con el cambio, entonces tenés que pilotearla. Carnaval te da mucho manejo del espacio, porque vas al Teatro de Verano y tenés muchos micrófonos y vinchas, y vas a Manga y tenés cuatro micrófonos, y el tablado es de cuatro por cuatro. Hay que adaptarse a las distintas situaciones, y eso es lo lindo del carnaval, que te ayuda en el hecho de tener adquiridas un montón de variantes, que hacen que se te haga mucho más fácil actuar en un teatro”.

LA PERSONA QUE ESTÁ DETRÁS

“En el teatro hay una solemnidad y un respeto a lo que se está viendo. No hay nadie que te esté gritando “Bien, Jimena!”. En carnaval por mejor que esté intepretado el personaje, siempre ves a la persona detrás. Ves a Pacella, y te matás de risa, siempre está brillante, pero es él. Carballo puede hacer tremendo personaje trágico en una parodia, pero es él. En teatro, la persona queda en  el camarín, y entra el personaje a escena. Tenés que despojarte de lo que sos. El teatro es como casi un ritual. Estás maquillándote en el camarín, y no viene nadie a hacerte una entrevista, y a preguntarte “¿Cuántos tablados hicieron?”.

¿CÓMO TRANSCURRE EL PROCESO CREATIVO EN CYRANOS?

“Ha funcionado de diversas maneras. En este último año encontramos un estilo de creación que rindió muchísimo en lo artístico y en lo humano. Seguramente lo implementemos para el próximo carnaval. Fernando Toja trajo la idea de que transcurriera todo en un edificio, donde se contaban historias, y cada apartamento era una escena. Uno era un Call Center, otro era un secuestro, y otro era una reunión de consorcio, y a raíz de eso, él nos dijo que improvisáramos. Nos juntamos de a grupos, y me tocó armar el Call Center con otros compañeros. Muchos de los chistes del espectáculo surgieron ahí. Fernando grababa las escenas, y les mandaba los audios a Fabricio Speranza y Jimena Márquez para que las escribieran. Hay cosas que quedaron textuales. Entonces uno se siente totalmente partícipe del espectáculo, y  hay otro sentido de pertenencia, y no es que nos llegó un papel y dijimos: “Ta, vamo’ a hacer esto”. En los años anteriores hubo lugar para opinar, pero la diferencia es que este año sin querer queriendo, estábamos armando las escenas en acción. Me gusta mucho la forma de trabajar de Cyranos, porque la idea de ser partícipe no queda solo en la palabra, y los técnicos son muy receptivos”.

¿QUÉ CARNAVAL FUE EL QUE MÁS DISFRUTASTE?

“Todo se disfruta. El año que más me pegó fue el primer año que salí en Cyranos (2011), porque el conjunto volvía al carnaval, y encima salió primero. Fue una fiesta que confirmó que volvíamos para quedarnos. Este año Arteatro sufrió muchos cambios a nivel institucional, y el plantel de Cyranos también, se había modificado en un 80%, y hubo que remarla bastante. Se laburó para salir adelante, y ganamos el primer premio. Eso fue la frutilla de la torta. Esos dos fueron los carnavales de mayor emoción”.

¿CUÁNTO HAY DE JIMENA VÁZQUEZ ARRIBA DEL ESCENARIO?

“Soy media amarga en la vida normal, digamos. En carnaval siempre hecho personajes con un toque inocentón, y capaz que en la vida tengo un humor un poco más ácido. El humor es un motor que uno tiene para ser felíz. De todas maneras, todos los personajes que he hecho, tanto en carnaval como en teatro, se identifican con lo que soy. Siempre está la persona atrás de lo que se está mostrando”.



viernes, 6 de mayo de 2016

PÁGINAS DE MOMO - CARLOS MELGAREJO






En un momento determinado, en el transcurso de una charla intensa y agradable, pasó el tren. Claro, estaba en Sayago. Barrio tan encantador como empapado de historia carnavalera construida a través de un grupo de amigos que tenía la idea clara de disfrutar compartiendo "el género más lindo del mundo", como describe el entrevistado. Es que Carlos Melgarejo, desde los nueve años ha dedicado su vida al quehacer murguero, y desde sus gestos y palabras se desprende la misma pasión hacia lo que lo enamoró desde niño. En su cuarto atesora entre otras cosas, el primer premio del carnaval 2000 obtenido con la murga "Contrafarsa" y su "Tren de los Sueños". El Carnaval 2016 lo encontró abajo del escenario, y la pregunta no se hizo esperar. 

¿QUÉ FUE LO QUE TE LLEVÓ A NO SALIR ESTE CARNAVAL? ¿FUE DURO TOMAR LA DECISIÓN?

“No sufrí en absoluto mi ausencia de las tablas. Fue una decisión que tomé en pleno carnaval 2015. Decidí que no tenía más ganas de salir, y a su vez no recibí ninguna propuesta que me sedujera. No me dolió tomar esa decisión en su momento, ni tampoco ahora viendo carnaval. Este año me transformé en un espectador, y lo viví desde ese lugar, disfruté de lo que tenía que disfrutar. Hubo cosas de las que no disfruté, y que no me convencieron. Tuve la posibilidad de ver la liguilla entera en el Teatro, y ver alguna cosita más. Algunas otras cosas las vi por televisión, pero disfrutando el hecho de no estar metido en la competencia, y de no tener ningún tipo de interés creado en algún conjunto, sumado a no tener que comerme la vianda de ensayar, ensayar, y ensayar, y perderme de otro montón de cosas que cuando no salís en carnaval te das cuenta que te venís perdiendo, hizo que viviera un carnaval disfrutable, desde otro lugar en el que me sentí cómodo”.

¿CÓMO VIVISTE LA EXPERIENCIA DE SER JURADO EN EL ENCUENTRO DE MURGA JOVEN 2015?

“El tema de Murga Joven da para hablar muchísimo. Particularmente no soy un hincha a muerte de la Murga Joven, básicamente porque creo que surgen ideas muy interesantes, y que la mayoría las labura muy mal, sin prestarle importancia a rubros que para mí son preponderantes para hacer murga. Desde ese lugar medio negativo que yo tengo con Murga Joven, asumí la responsabilidad de ser jurado de un encuentro que es un concurso encubierto, y que me parece que en algún momento eso va a tener que dejar de ser así, porque hay un doble discurso maravilloso por parte de quienes hacen Murga Joven tanto a nivel estatal, como de los participantes. El que asume como jurado de Murga Joven se encuentra con esa dualidad, de que no le permiten mencionar a un mejor coro, o una mejor batería, o a un mejor espectáculo, porque la palabra “mejor” no puede existir, cuando en realidad claro que hay cosas mejores y cosas peores. Y a la vez te condiciona a la hora de fallar el hecho de no tener la posibilidad de puntuar, o buscarle la vuelta para ver las cosas que te seducen más y las que te seducen menos. Soy un tipo que podré ver un espectáculo de murga interesantísimo, pero si la murga canta mal ya lo miro desde un lugar incómodo, y no le voy a prestar la atención que le debo prestar. Me encontré con una realidad que era desconocida, porque históricamente fui espectador de Murga Joven, y colaborador en casos específicos con gente amiga, pero no soy un tipo que concurre asiduamente a ver las etapas enteras, y  tuve que mirar cincuenta y pico de espectáculos  concentradamente. Hubo un montón de interesantísimas propuestas que no las vi en el carnaval mayor unos meses después,  pero con desprolijidades que no las puedo entender. Entonces ahí empezás a preguntarte para qué sirven los monitores, que terminan siendo una figura decorativa. Vi espectáculos que un monitor debería decir “Muchachos le están errando al bizcochazo, aprolijen tal cosa, y métanle mano a esto”. También se vieron cosas muy buenas. Después de que ves, evalúas, hubimos tres tipos que teníamos que resolver cuáles eran las 20 murgas que pasaban al Teatro de Verano, y hubo 17 que se pincharon en esa segunda instancia. Eso nos hizo mirarnos, y preguntarnos en qué le erramos, o por qué vimos las cosas tan mal, cuando en realidad, uno termina sacando la conclusión de que el Teatro de Verano pesa y no es para cualquiera. Yo le daría mil vueltas a Murga Joven, cambiaría un montón de cosas, y legalizaría un Concurso de Murga Joven que es lo que en realidad es. En el afán de sentirnos compañeros, y ver  que tenemos la posibilidad de mostrarnos artísticamente le llamamos encuentro, pero cuando uno falla, o da las cinco murgas como mejor espectáculo, empiezan las recriminaciones, y recibís algún mensaje privado por Facebook, y te dicen algo en la calle. Esas son demostraciones de que en realidad interesa ganar, y estar en el Teatro. En los ensayos abiertos habría que empezar a evaluar a las murgas, porque no hay necesidad de ver espectáculos que están muy mal concursando. Me parece que tienen que cambiar las exigencias. La movida Joven es un fenómeno que está instalado desde hace muchos años, el fuerte de esa movida es la murga, pero me parece que hay que cuidar más un género que para mí es el más lindo del mundo. Se ha generado mucho degeneramiento del género, y vale todo a la hora de hacer Murga Joven, y yo creo que hay lineamientos que se deben respetar. Uno ha convivido con ellos, y ha visto muchos artistas de la ostia haciendo carnaval, y haciendo murga, y me parece que desde la existencia de Murga Joven cualquiera se dice murguista. Ser murguista es una carrera como cualquier otra que hay que transitarla. Pasa mucho que se confunde  lo que quiero llegar a ser,  con lo que estoy convencido que soy y me faltan kilómetros por recorrer. Está perfecto que se le abran las puertas a todo el mundo, pero tiene que haber una base mínima de la que sostenerse”.

LA CONCEPCIÓN DE LOS ESPECTÁCULOS

“En carnaval todo muta, a veces para bien, o a veces para mal. Pensando en el carnaval del que he participado, se han perdido ideas, y originalidad. Le ha jugado en contra el gobierno de izquierda. Hay mucha gente que no se anima a basar sus espectáculos en crítica, no en pegar por pegar, pero criticar. Entonces todo se estanca en la búsqueda del humor que en el 80% de los casos no se consigue. Han perdido consistencia los espectáculos en su globalidad. Hay propuestas generales que no me seducen. Ya no se ven espectáculos como los de hace diez años atrás, que te podían gustar o no pero eran consistentes, tenían una coherencia en la propuesta artística, y me parece que este año no se vio eso a nivel general. Quedó la costumbre de ponerle un título al espectáculo porque la historia viene por tal lado, y después voy enganchando como puedo las cosas que se me ocurrieron para intentarlas meter dentro de un contexto, y a veces no sale. O se buscan excusas específicas para decir “esto es referente al tema propuesto originalmente”, pero en realidad queda descolgado. Creo que hay muy buenos creativos, pero hay veces que las ideas no salen. Vos podés tener a García Márquez o a Benedetti escribiéndote que si no les sale, no les sale. Particularmente hay un estancamiento en materia de propuesta, y no pasa que digas “pan! me voy a acordar de este espectáculo de por vida”. El año pasado ganaron los Patos Cabreros, y ganaron bien, pero recordando casi todo el mundo te habla solo del cuplé de los tatuajes, y después te cuesta encontrar otros lugares que te hayan quedado grabados en la retina. No sé qué va a pasar con La Gran Muñeca, que también creo que ganó bien este año. Hoy por hoy hay una búsqueda muy facilista de hacer reír, o dar un manijazo buscando el aplauso”.

SU INQUIETUD POR ESCRIBIR

“El hecho de que haya escrito y creado cosas tiene que ver más con una casualidad de la vida que con algo que me propuse. En su momento estando en Contrafarsa se me dio por empezar a aportar cuartetitas y cosas. Cuando uno está trabajando en un espectáculo intenta aportar desde su capacidad. Empecé así, aportando alguna cuarteta o alguna bobada, o haciendo un planteo a los letristas sobre cosas que me parecía que se podían cambiar para mejorar. Te vas metiendo en un mundo que te atrapa, absorbe, y te hace evadir toda tu cotidianeidad. Escribir hace que te saques el chip de los problemas cotidianos. Te podrán salir cosas buenas o cosas siniestras, pero es un tiempo que estás contigo, y con tu cabeza funcionando desde otro lugar, y se hace muy disfrutable. Aprendí a laburar en equipo originalmente, porque cuando arranqué a aportar en Contrafarsa éramos una comisión técnica que nos tirábamos ideas, y compartíamos muchas cosas. Entonces eso te lleva a tener que mostrar, discutir, negociar, recortar y pegar. Me pasa que nunca estoy convencido de lo que escribo, no sé si es algo general o mío. Por suerte hay gente a la que sabés que le vas a mostrar y te va a decir la verdad, porque hay otros que te dicen “Ah, qué bueno que está”, y van zafando por ese lado. Es un ejercicio que está bueno para que lo haga cualquiera, no importa si es en verso, en prosa, pero escribir cosas. Largar a un papel lo que te sale de la cabeza y del corazón". En mi prontuario estaban aportes para Contrafarsa, y aportes en La Cofradía y no mucho más. Hace dos años que vengo escribiendo para carnaval de las promesas, y me gustó el desafío, porque creo que uno tiene cambiar en la forma de decir las cosas, y hacer un texto que sea creíble,  cantado e interpretado por niños y adolescentes, y le encontré la vuelta. Gustó. En los dos años fue premiado como mejor texto de murgas, y en uno de esos años como mejor del Carnaval de las Promesas. Uno no hace las cosas buscando premios, pero el ego existe, lo tenemos todos, y hay que saber manejarlo. Me atrapó el hecho de laburar con gurises, compartir con ellos, crear en materia de puesta, y dirigir un espectáculo hecho para ellos, y por ellos” .

¿HAY UN CARNAVAL QUE PUNTUALMENTE HAYAS DISFRUTADO MÁS?

“Mis primeros carnavales fueron los que más disfruté. Empecé a concursar con quince años, hago murga desde los nueve. Y cuando sos guacho te divierte muchísimo estar con tus amigos haciendo lo que te gusta, y no te importa i vas a ganar plata o no. Después el carnaval te va prostituyendo, y te convertís en una suerte de mercenario, donde a veces priorizás lo económico sobre tu gusto, o lo que querés decir arriba de un escenario. Tenés un patrón, o técnicos que definen, y vos no tenés la oportunidad de decir lo que te gusta, o lo que no te gusta. Terminás pensando “¿por qué no me habré quedado en mi casa?”, o “¿Por qué no me habré ido de vacaciones?” En los primeros años uno hacia las cosas por amor al arte, y por el disfrute de cantar, De repente no pudiste ser el jugador de fútbol que soñaste, y ahí te sentís el 5 que pasa la pelota, o el 9 que hace los goles, o el golero que se ataja todos los penales. Durante este carnaval dije que el grupo que más me seducía arriba del escenario, y me llegaba más al corazón era “Cayó La Cabra”, y hubo gente que me preguntó por qué, y es porque la murga me remite a mis primeros años. En esos momentos era todo más por amor a la camiseta, se disfrutaba desde otro lugar. El broche de oro fue el triunfo de 1991, que uno no encaraba el carnaval para salir a ganar un concurso, y cuando quisimos acordar nos encontramos con un primer premio  que no fue discutido. Además éramos unos guachos. Yo tenía 19 años, y el  promedio nuestro de edad era de veinte y poquito. Había muchos de mi edad, y otros más grandes. Fue esa caricia ganarle a títulos pesados, con un grupo de amigos que se conocía desde chico”.

VACÍOS QUE NO SE PUEDEN LLENAR

“Siento un vacío desde que dejó de salir Contrafarsa. Para mí el carnaval dejó de ser la fiesta que era, porque es mi cuadro, mi camiseta, con la que quiero jugar siempre. En otro cuadro paso a ser un contratado. Tal vez mi decisión de no salir en carnaval tiene que ver con que el vacío continúa, y que por más que hay una suma de dinero que genero, no la paso bien, no soy feliz, si puedo zafar, zafo, si puedo llegar unos minutos tarde a ensayar, llego. Me falta un grupo en donde yo me sienta feliz, y donde todo lo demás pase a ser secundario. Con La Cofradía me saqué las ganas de salir con dos de mis sobrinos, y con hijos de amigos, de crear, y sentí que fuimos muy felices. Cuando tuvimos que dejar de sacarla por problemas que sufrimos económicamente, empecé a salir en carnaval por dinero. Y desde ese instante pasé momentos buenos, y otros no tanto. Hoy prefiero disfrutar con la familia, y con los amigos. El vicio lo despunto con la Sayago Murga Band, o en algún lugar en el que me encuentro con gente que canta, y es un placer ponerse a cantar diez minutos aunque sea. Posiblemente disfruto más de una bañadera que de un espectáculo”.

¿EN QUÉ COSAS EL CARNAVAL SE HA ENRIQUECIDO, Y QUÉ COSAS HA PERDIDO?

“El carnaval se ha enriquecido en materia de artistas, técnicos, gente que aporta muy buenas ideas para los espectáculos. También ha crecido en cuanto a los arregladores corales. Hay personas que hacen arreglos interesantes. Antes habían coros potentes pero arreglísticamente había mucha cuadratura. Pasaban cosas maravillosas como que Pastrana o el Pelado Díaz arreglaran de oído, pero ahora hay una búsqueda más amplia en lo musical y en los arreglos. Hay gente del teatro que le aportado mucho al carnaval en la puesta en escena y actuación. Se revitalizó la categoría de lubolos, que antes la gente se paraba en el Teatro y se iba para el pedregullo. Hoy por hoy presentan planteos y propuestas que seducen. El carnaval ha perdido pueblo, fiesta, y espacio en los barrios. Ahí tenemos responsabilidad los que queremos ganar un montón de plata en cuarenta días, porque eso hace que los costos de las entradas sean más altos, y la gente no puede ir siempre al tablado en la esquina de su casa. O hay menos tablados, entre otras cosas porque los vecinos denuncian los ruidos molestos. Perdió un poco de barro, eso de que cada barrio tenía su murga. Hoy tenemos varios tablados comerciales con sillas cómodas, plaza de comidas, pero que descuidan a los artistas. Muchas veces te encontráis con tremendo escenario, pero con seis micrófonos, y un sonido que no es bueno. La Intendencia está bancando dentro de su presupuesto a varios tablados barriales que si no existiera el carnaval no sería nada. Se ha transformado en una especie de fiesta mucho más elitista”.

PASAR LA POSTA 

“Llega un momento de la vida en el que tiene que pasar la posta. Necesitamos recambio a nivel murguero. No puedo discutir al (Ricardo) "Canario" Villalba, Julio Pérez, y a un (Ángel) "Marquitos" Gómez. Pero a veces por venerar tanto a esos artistas maravillosos, nos estamos perdiendo de escuchar a un Agustín Pittaluga, a un (Maximiliano) "Pulpa" Méndez, a un Damián Dewailly, tipos jóvenes con una capacidad bárbara, y son unos cantorazos. En carnaval hice todo lo que tenía que hacer, lo disfrute muchísimo, capaz que lo voy a seguir disfrutando, pero hay que darle paso a gente con más ganas, con más fuerza y nuevas ideas a la hora de hacer murga. Estamos en un taller con Edén (Iturrioz), que es el fabricante de murguistas número uno en nuestro país, a los cuales les trasladó su sapiencia. Lo que quiero es dejarle a nuevas generaciones lo que yo aprendí, y por otro lado les chupo energía también. Los ves con ese entusiasmo de tocar cuanto instrumento ven, y lo vivís como un intercambio. Nosotros les trasladamos lo que nos gusta a nivel artístico, y ellos nos dan una energía que nos hace sentir mucho más vivos”.