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sábado, 11 de mayo de 2019


PÁGINAS DE MOMO


PABLO ROUTIN


Pablo Routin en Murga Don Timoteo 2017
Foto: Agostina Vilardo



Desde el momento en el que lo ves y te saluda te das cuenta que estás parado frente a un tipo que ama lo que hace. Esa sensación se acrecienta cuando lo escuchás hablar y lo mirás a los ojos. Podés darte cuenta de la pasión que desprenden sus palabras en cada cosa que cuenta con un dejo nostálgico pero siempre risueño. Su perspectiva es siempre la de mirar hacia adelante porque le encantan los desafíos artísticos. Durante la entrevista se jacta de aún no estar en “desuso” pese a ser ya un “veterano”. Seguramente eso se deba a la inquietud que siempre ha aflorado en él, aquella que lo impulsó a experimentar continuamente cosas nuevas y no parar de aprender. Reconoce que hoy por hoy no está “como para salir en carnaval todos los años”, pero sin embargo se le hace muy difícil bajarse del tren, por lo que siempre está vinculado de alguna manera u otra con nuestra máxima fiesta popular. Es que Pablo Pinocho Routin pertenece al Carnaval, y es historia viva de nuestras carnestolendas, por lo que cualquier charla con él es simplemente disfrutable. 


¿CUÁLES SON TUS PRIMEROS RECUERDOS VINCULADOS AL CARNAVAL?


Mi primera imagen del carnaval es de muy niño en el tablado del Layva, cerca de Julio César y Rivera. Vivía por esa zona e iba a ese tablado desde que tengo recuerdos. Disfrutaba mucho y sentía mucha conmoción cuando actuaba una murga. Me emocionaba mucho ver a la murga entrar al tablado, y luego ver cómo un murguista salía de la cuerda, se iba a cambiar y aparecía el personaje. Prestaba mucha atención a esos movimientos. La murga es un género que me ha acompañado toda mi vida. Me encantaban los corsos barriales. Recuerdo que mi madre me llevaba y me disfrazaba. Los disfraces que me hacía eran impresionantes. Tengo un montón de recuerdos de la tardecita, mientras se iba armando el corso, y también del desfile en 18 de Julio. Siempre me encantó todo el folklore de carnaval. También iba mucho al tablado del Miramar que estaba por la calle Rivera frente a la plazoleta Viera. Te estoy hablando del año 1971, más o menos. A pesar de que esa era una época muy oscura, la viví disfrutando el carnaval”.




“CON LA MURGA ME PASABA ALGO ESPECIAL”



“No recuerdo parodistas en aquella época, pero sí humoristas que me gustaban. Pero con la murga me pasaba algo especial. Era algo que me llegaba de una manera diferente. Después de esa época de la que te hablé, me fui a vivir a Playa Pascual con mi familia, y seguía viniendo al tablado en Montevideo pero era más intermitente. En 1981 escuché una presentación de Falta y Resto que decía “Trueno de voces que al vibrar/ relampagueando en el azul /hiriente rayo que al caer…” La voz del Canario Luna, ahí se dio todo el empuje del canto popular y la murga tenía como un auge muy importante. Yo tenía 17 o 18 años y ahí fue cuando se dio la posibilidad de salir por primera vez en una murga que se llamaba La Justa. Era una murga nueva y casi todos debutábamos en Carnaval. Fui a los primeros ensayos en los que estaban probando gente. Yo iba a ensayar desde Playa Pascual y el local de ensayo me quedaba muy lejos, así que hacía 2 horas de viaje a la ida y otras 2 horas a la vuelta. Luego ya me vine a vivir a Montevideo y la historia empezó a ser diferente”.




SU LLEGADA A FALTA Y RESTO



“La experiencia fue divina. Había una barra hermosa. Yo no acostumbraba salir mucho de Playa Pascual, entonces Montevideo para mí era como otro mundo. A partir de ahí se empezaron a abrir otras puertas y vínculos. Un día recibí un llamado para ir a ensayar a Falta y Resto, a través de mi amigo Daniel Radío. La generosidad enorme de Julio Julián me abrió las puertas. Roberto García para mí ha sido el murguista más grande que ha tenido el Carnaval, y el más completo que he visto. Fue como un padre artístico, no porque él se lo haya propuesto, sino porque yo lo miraba mucho, intentaba imitarlo. Salir con él era cumplir un sueño. Era como estar al lado de Al Pacino (risas). En el camino he tenido mucha suerte. Lo que sí me reconozco es la constancia, el amor y la dedicación hacia lo que hago. Pero después tenés que tener suerte. Porque las probabilidades de que un gurí que trabajaba en una agropecuaria de Playa Pascual, hiciera su vida a través del canto eran muy remotas”.




“NO SALGO EXCLUSIVAMENTE PARA CONCURSAR”



En 1988 empezó a sonar en la calle que Falta y Resto podía ganar. La verdad que haber ganado en aquel momento fue algo muy hermoso, porque la Falta era una bandera política importante. En 1989 lo logramos de nuevo. Pero el concurso no es lo que me motiva. Si bien cuando concursás querés que la murga que integrás brinde el mejor espectáculo posible, no salgo exclusivamente para concursar”.



¿EN ESE MOMENTO YA ESCRIBÍAS ESPECTÁCULOS?


“Sí. Ya escribía cosas desde antes de sumarme a Curtidores de Hongos, porque había tenido la oportunidad de formar parte del grupo creativo de Falta y Resto, escribía pero no lo mostraba. Tuve la suerte de trabajar al lado de un letrista como Raúl Castro que era maravilloso. Recuerdo que al cuplé del Pepe Revolución lo escribió en 48 horas. El Choncho (Jorge) Lazaroff le preguntó “¿Qué pasa con la revolución?”, y al irse para la casa lo empezó a escribir, y salió esa joya, de punta a punta sin tachar una palabra. A los dos días llegó con la letra y le dijo al Choncho: “Ahora le falta la música”.



PRIMER PARATE Y LA EXPERIENCIA DE SALIR EN CURTIDORES DE HONGOS



"Luego de mi paso por Falta y Resto estuve unos años sin salir en Carnaval, desde 1990 hasta 1992, porque estaba con ganas de parar. En ese momento integraba la banda de Jaime (Roos), y durante esos carnavales presentábamos el show en algunos tablados, ya que en ese momento se podía. Entonces siempre me mantuve vinculado al Carnaval pese a que no salí. Cantábamos en tablados como El Jardín de la Mutual y el Albatros. En esos años se armó una murga en Playa Pascual que se llamó Murgardel, y llegó a concursar en los carnavales del interior. Yo escribí sus primeros espectáculos y empecé a foguearme en la tarea, pese a que nunca terminás de aprender a escribir. Es una tarea inexplicable, da mucho placer pero también es muy dura. En un principio era un letrista muy conceptuoso, y luego me empecé a llevar mejor con el humor. Ahora creo que he encontrado un equilibrio entre lo conceptual y lo humorístico. Al sumarme a Curtidores, me encargué de los libretos desde 1993 hasta 1997. Algunos espectáculos tuvieron más repercusión que otros. En 1996 y 1997 me desbarranqué, y con Benjamín Medina que es un amigazo, tuvimos ganas de escribir cosas nuevas que un poco se salieran de lo común. Curtidores de Hongos fue una de las primeras murgas que presentaba un espectáculo temático, en diferentes bloques. Con esto no quiero decir que nadie lo haya hecho antes, pero no recuerdo que muchas murgas plantearan sus espectáculos de esa forma durante esa época. Cuando era niño recuerdo que en los espectáculos murgueros cada parte era un mundo en sí misma”.



“DISFRUTAR DEL PROCESO”



“Un artista muy importante dentro de esos años de Curtidores de Hongos fue Benjamín Medina. Él era el que le ponía un pienso a los arreglos y a la musicalidad. Además el hecho de que se sumara a una mujer a un coro murguero integrado por hombres no era muy común en esa época, y Gabriela Gómez salió con nosotros. Todos esos cambios fueron impulsados por Benjamín, que es un artista muy talentoso y tremendo músico. Salían murguistas como Freddy Bessio, Andrés Litjmaer, Ronald Arismendi y Enrique Rivero. Además en algunos años estuvo Héctor Manuel Vidal, director de la Comedia Nacional, y me enseñó mucho a escribir. También hubo unos años en los que Luis Trochón hizo la puesta en escena, ambos fueron mis maestros. Siempre trabajé con un equipo, desde el punto de vista técnico en el que yo me sentía muy sostenido. Ahí empezás a entender que lo importante es disfrutar del proceso y trabajar un espectáculo con el objetivo de que la gente lo disfrute. Ahora soy muy cuidadoso, antes de ir a algún lado, veo cuál es la gente que va a estar trabajando, y si voy a poder trabajar cómodo”.


¿CÓMO VIVISTE TUS AÑOS EN LA REINA DE LA TEJA?



“Haber salido en La Reina de la Teja fue una experiencia preciosa, porque se trata de un murgón. Agradezco a la vida haberme puesto esa camiseta, y salir con murguistas como José Morgade. Salí tres años en la murga y es impresionante lo que significa para el barrio de La Teja. Me fui a fuerza de voluntad, porque es difícil irse de La Reina. En uno de esos años me iba del club luego de una noche de fallos, y una vecina antes de que me fuera me abrazó y me dijo “No te vayas a ir de La Reina”. Y así fue. No me pude ir. Cuando me fui de la murga se lo comuniqué a Morgade en su casa, pero te diría que me fui lagrimeando”.


“VIVÍ AÑOS MARAVILLOSOS CON A CONTRAMANO”


“A Contramano es la murga en la que más años salí. Cuando llegué me encontré con una murga que estaba en pleno crecimiento con gente muy talentosa, y un grupo humano divino. Viví años maravillosos con A Contramano y ahí salí con intermitencia, hasta el Carnaval de 2012. Era una murga que tenía un perfil muy interesante que estaba en una búsqueda permanente de caminos nuevos. Eso siempre me resultó atractivo. En 2009, cuando A Contramano ganó, mucha gente dijo que habíamos perdido la esencia. Nosotros lo que hicimos ahí fue aprovechar la potencialidad de Diego Bello, había que ponerlo en un lugar artístico de privilegio. Ese año desde los ensayos sentí que se estaba armando un espectáculo muy lindo, y finalmente así fue. Haber formado parte de esos años con la murga fue una emoción muy grande. En 2010 sabíamos que el espectáculo se iba a llamar “Problemas tenemos todos”, pero no teníamos a los personajes. Hasta que una noche Diego Bello dijo “¿Y si hacemos a dos milicos de la chacra de Mujica?”, y no podía creer lo que estaba escuchando. Por un lado sentía terror, pero por otro pensé: “Este tipo es un genio”. Aparecieron los nombres de los personajes, Fagúndez y Fernández, y terminamos disfrutando de un año hermoso”.


LUEGO DEJASTE DE SALIR, PERO NO SOLTASTE LA CUERDA…



“Me fui de A Contramano porque sentí que había cumplido un ciclo. No iba a ir a ninguna parte y recibí una llamada del Chino Recoba para salir en Asaltantes. Pero yo ya había resuelto no salir porque no estaba preparado para cruzarme con A Contramano en algún tablado, porque sentía mucho respeto y afecto por la murga. Entonces acepté escribir en Asaltantes porque había una barra divina para trabajar. Escribí para los espectáculos de 2013 y 2014”.



“DE LOS MEJORES CARNAVALES DE MI VIDA”


"En 2017 decidí volver a salir en Carnaval a raíz de una llamada de Pitufo (Edú) Lombardo, me dijo “¡Es ahora o nunca!”. Él ya me había invitado a salir en La Matineé 2004 y en Asaltantes 2007, pero en ambas oportunidades le había dicho que “no”. Debo ser la única persona que se negó a salir en Carnaval con Pitufo Lombardo 2 veces (risas), el mejor director de la historia. En ese grupo de Don Timoteo estaba Ronald Arismendi, otro hermano, además Marcelo Pallarés que es tremendo murguista, y un tipo con mucha experiencia y claridad, y Marcel Keoroglián por quien siento una admiración enorme. Además había una barra preciosa también. Todo eso sumado a la presencia de Paula Villalba a quien también admiro, y la calidad humana del Chino Recoba, Rafa Perrone y Susana, su esposa, fue magnífico. El 2017 fue de los mejores carnavales de mi vida junto con aquellos de 1988 y 1989 con La Falta, el de 1994 con Curtidores de Hongos, y los de 1999, 2009 y 2010 con A Contramano. El del 2017 fue un carnaval tan disfrutable que me da temor volver a salir, para no romper el conjuro. Fue una fiesta impresionante desde que empezaron los ensayos hasta que colgamos las pilchas".




¿CÓMO TE LLEGÓ LA OPORTUNIDAD DE TRABAJAR CON DOÑA BASTARDA?


“Me llamó Emiliano Tuala y me dijo que estaban preparando un espectáculo sobre “Los monstruos”, y tenían que trabajar en la creación de los personajes. Me dijo que les gustaba la idea de que pudiera estar en el proceso de creación. Le pregunté qué murga era y me dijo “Doña Bastarda”. Le dije que iba para un ensayo y veía un poco. Me acuerdo que llegué al Club Congreso, empezaron a cantar, me paré y les dije “¿Cuándo arrancamos?”. Me gustó todo, el ambiente, la gurisada que había, la musicalidad y los arreglos de Camilo (Abellá). Ahí hay una dupla creativa a la cual le tengo un gran respeto, Emiliano Tuala y Camilo Abellá. Ambos escriben muy bien. Trabajar con gente de otras generaciones es una gran alegría. Uno cuando se pone veterano se alegra por esas cosas, porque cuando la juventud te llama te sentís vivo, y pensás “No estoy en desuso todavía”.



GRACIAS AL CARNAVAL YO...


“En gran parte gracias al carnaval yo soy quien soy como ser humano. El carnaval me ha enseñado muchas cosas. Yo siempre digo que la murga va más allá del tablado. Bueno, de hecho pensando esto, nació la obra Murga Madre, tratando de contar lo que pasa abajo del escenario. Cometí muchos errores estando en grupo, y he aprendido mucho a convivir colectivamente. He descubierto tanto mis partes buenas, como también las más oscuras. Uno no pude dar marcha atrás y deshacer la madeja. Si mirás la historia del Carnaval te das cuenta que hay muchos grupos que se van rompiendo, porque no se sostienen desde lo humano. Somos un bicho de mucho cuidado. Salir en una murga, no es solamente cantar con otros, trae consigo esos movimientos humanos y el hecho de aprender a vincularte con el otro. De la misma forma que tenés que empastar en la cuerda, tenés que empastar en la vida. Es un “salgo, canto y convivo”. Cuando estás cantando en la cuerda tratás de no tener más volúmen que tus compañeros para que la cuerda suene con los colores de todos los timbres, porque ahí está la riqueza. Y eso puede trasladarse directamente a la vida. Porque abajo del escenario tampoco tenés que estar adelante de nadie, y tenés que tener la capacidad de escuchar a los que están al lado y nutrirte de ellos. Yo pertenezco al carnaval, y digo con orgullo que soy murguista. Si me preguntás hubiese querido cometer menos errores en el camino. Cuando hablo de errores, hablo de egoísmo, falta de escucha, ser a veces muy porfiado, y dejar que el ego me ganara en algunos momentos. Pero la murga me ha puesto un espejo en ese sentido y me ha hecho crecer como ser humano. Además me ha permitido desplegar todo lo bueno que puedo brindarle”.

domingo, 5 de febrero de 2017

ENTRE BAMBALINAS

DON TIMOTEO




Mucha expectativa ha sido la generada por la murga “Don Timoteo” para este Carnaval 2017, a raíz de una renovación en su plantel, incorporando figuras emblemáticas del género murguero y la escena carnavalera. Edú “Pitufo” Lombardo, Marcel Keoroglián, Martín ”Laucha” Sacco, y el entrevistado, Pablo “Pinocho” Routin, forman parte del grupo creativo de la murga, aunque las decisiones artísticas siempre se colectivizaron. De este modo llega “Mamá yo quiero, mamá”, a los distintos escenarios de la fiesta de momo. Un espectáculo que atraviesa por distintos pasajes de humor, crítica y sátira, volcados en escena por las “madres” de los murguistas que luego de cantar el saludo dejan un bache en el escenario que debe ser cubierto. El diálogo con el ex integrante de “A Contramano”, y “Falta y Resto”, entre otros, paseó por los confines de este nuevo proyecto artístico que ve la luz en febrero, así como también por pensamientos y sentimientos  consecuentes con su trayectoria en carnaval.

¿CÓMO SE DIO TU LLEGADA A “DON TIMOTEO”?

“Tenía resuelto no salir. Estaba con intenciones de hacer la puesta en escena de Cayó la Cabra como el año pasado. Me llamó Pitufo (Edú Lombardo), y me planteó que estaría bueno que pudiéramos salir juntos. Me dijo “Es ahora o nunca”. Hace un par de años que andamos con la idea en la cabeza de volver a salir juntos. Él me había invitado para integrar “Asaltantes con Patente” en 2007, y en ese momento preferí quedarme en “A Contramano”. Conozco a la barra de Don Timoteo, que la quiero pila, y conozco cómo es el ambiente. Además está Marcel Keoroglián, por quien tengo una admiración bárbara. Me interesó que la creación iba a ser bastante colectiva, entonces resolví salir por un montón de factores”.

¿CÓMO FUE ATRAVESAR EL PROCESO CREATIVO?

 “El proceso fue largo y lindísimo. Empezamos en junio a definir ideas de por dónde podía ir el espectáculo. Una vez que se resolvió la idea central y el hilo argumental del asunto, comenzamos a escribir. Me gustan los procesos de creación de los espectáculos. Sobre todo cuando el ambiente está bueno, hay capacidad de laburo y ganas. Todo eso estuvo presente en Don Timoteo. Cuando se estrena y se muestra pasa a ser otra cosa, y es como una repetición de lo que fuiste creando. Pero el proceso inicial es súper lindo”.

EL MODO DE ESCRIBIR

 “Escribo varias versiones de una misma cosa. Me considero exigente, y no me quedo con lo primero. De todas maneras hay textos que vienen de una y los escribís, y quedan bien. También nada te garantiza que trabajando tres meses en el texto, después esté bueno. Me gusta atacar el mismo tema por diferentes lugares, para ver qué posibilidades me ofrecen la temática y la música. Las melodías ya de por sí te sugieren un tipo de texto. Luego uno toma la decisión de quedarse con una de las piezas”.

EL TRABAJO COLECTIVO

“No sé si eso se traslada hacia el público. No conozco otra forma de trabajo. En los lugares donde he trabajado, he sido abierto a las opiniones, y he estado dispuesto a cambiar lo que sea. El objetivo final siempre es crear un buen espectáculo. No soy de esas personas que cree que tiene la última palabra estética respecto a ese tipo de decisiones. Vos podés crear un texto súper elaborado, y en el ensayo a alguien se le ocurrió una idea brillante en un segundo, y hay que estar abierto; no solo con gente que forma parte del grupo de la murga, si no con algún vecino también. Me ha tocado recibir comentarios de vecinos que me han cambiado el rumbo de una cosa que había escrito. La murga tiene a eso dentro de su folklore; un mes y medio de ensayos abiertos donde la gente opina sobre lo que está viendo. Eso no pasa en el ámbito teatral, por ejemplo. Está bueno usar eso a favor, aunque también siento que alguien en algún momento tiene que tomar una decisión, y decir “Hasta acá llegamos, vamos a poner esto”. Cuando llega ese momento, trato de decidir con coherencia”.

¿QUÉ LE ESTÁ APORTANDO “DON TIMOTEO” A TU CARRERA ARTÍSTICA?

“Don Timoteo tiene una frescura impresionante en su plantel. Salvo los más veteranos que somos nosotros, Pitufo, Marcelo Pallarés, Marcel Keoroglián, Ronald Arismendi y yo. Después casi todos tienen poco más de veinte años. Está aportando esa energía joven, y ese amor por el carnaval desde otras generaciones. Es una inyección muy buena, porque a estos carnavales los vivo de manera muy intensa, porque son como los últimos. Cuando uno se plantea salir sabe que tiene que tener una dedicación de siete u ocho meses, y como está armada la vida de uno a veces no tenés la posibilidad de meter un carnaval en el medio, con la energía que necesita. El carnaval es para disfrutarlo, y no para padecerlo. Nunca había salido en un grupo con una generación tan joven, y personas que podrían ser mis hijos, por ejemplo. En “A Contramano” el promedio de edad estaba entre 45 y 50 años, y en otras murgas que he salido compartía con gente de mi generación”.

¿QUÉ MOMENTOS VIVIDOS EN CARNAVAL PERDURAN EN TU RETINA COMO LOS MÁS DISFRUTABLES?

“Equivocadamente uno se va quedando con lo que considera más cercano a la felicidad. Pero la vida también está construida con otras cosas. Cuando pienso en el carnaval también me gusta encontrarme con esos fracasos artísticos. Cosas que quise plasmar arriba de un escenario, y que no lograron convencer. Hubo años donde escribí cosas que no fueron bien recibidas, o no se entendieron, y me quedo con ellas también. Porque te podría decir: “Me quedo con el espectáculo “La Familia” de A contramano en 2009”, pero sería como contar las ganadas en el sentido de que fue un año de mucha felicidad y contacto con el público. Pero hay otros años en donde te va mal a nivel de concurso, hacés pocos tablados, y no se entiende la propuesta. Me quedo más con esos momentos, que con los momentos en los que todo rueda bien. Uno se va haciendo letrista, puestista, y artista de a poco, y no de un día para el otro. Esas cosas forman parte del proceso”.

¿QUÉ ES LO QUE MÁS DISFRUTÁS DEL CARNAVAL?

“El encuentro con la gente es muy disfrutable, sobre todo el hecho de saber que estoy formando parte de una fiesta popular. Ir a los tablados y encontrarte con la gente que está ahí, con la familia, con los niños, etc. Ese es el carnaval. Después pasan otras cosas como el concurso, el Teatro de Verano, el periodismo de carnaval, los medios de comunicación, los hinchas, los comentarios, y todo eso del carnaval que no me molesta porque me parece que es parte del gran juego que se está planteando. Está bien que eso exista, y cada uno sabe dónde se posiciona. Trato de ubicarme en el lugar del disfrute de cada noche, de que esté la gente esperando en el tablado, de cantar e intentar ser útil. Hay una cuestión social emparentada con el carnaval, porque no es un hecho artístico que llega en un plato volador y baja. Hay muchas cosas que se generan a través de la grupalidad y el intercambio humano”.

¿EN QUÉ MEDIDA EL CARNAVAL SE HA ENRIQUECIDO, Y QUÉ COSAS HA PERDIDO?

“Ha ido perdiendo frescura e ingenuidad. Antes había eso en las propuestas, y ahora no lo hay. Ahora está más presente el intelecto. Siempre está la intuición de los artistas que la crean. Aunque siento que ahora hay como una vuelta a las raíces, y que la gente está empezando a reírse de cosas ingenuas. Cuando era un niño, la gente se reía porque veía al vecino de peluca haciendo un cuplé. No importaba ni lo que estaba cantando. Eso no se puede perder. El carnaval atravesó por un proceso oscuro con la dictadura, y a partir de ahí se pegoteó un discurso más ideológico. Creo que la murga recién está saliendo de ese decir, y se ha vuelto a la poesía y a un decir más liviano. Luego, se ha enriquecido en el hecho de que se ha puesto los pantalones. El carnaval es una fiesta poderosa. Esto no quiere decir que sea la fiesta de todos los uruguayos. Cuando decimos que es la fiesta del pueblo, no sé si es así. Hay quienes dicen que la música del pueblo es la murga y el candombe, y si me preguntás a mí, lo popular por excelencia es la música tropical, porque es la que consume más gente. Capaz que llevás este análisis al interior del país, y la música popular es el folklore. A veces a uno le parece que el carnaval es popular porque la gente que está a su alrededor, se mueve dentro de ese ámbito. Pero hay un montón de gente a la que no le gusta el carnaval, y le parece que el género de murga no tiene valor; lo acepto porque cada uno tiene derecho a elegir lo que quiere ver. De todas maneras, el carnaval se ha consolidado como una fiesta poderosa, está en la gente formar parte de él o no”.

¿HAY ALGO QUE AÚN TENGAS EN EL TINTERO?

“Siempre sueño con espectáculos que tengan otras betas. Que puedan haber músicos y coros multitudinarios. Pero eso estaría fuera del carnaval. Por más que el género de murga es abierto y libre, el concurso cuida que el género no se mueva. Entonces no se puede hacer mucho más de lo que se hace, y a veces se hace mucho menos de lo que se puede. Se repiten recetas y modelos que funcionan. Por eso se nota cuando una murga viene y patea el tablero, aunque tiene un costo que es que seguramente le  va a ir mal en el concurso. Deberíamos estar agradecidos a las murgas que arriesgan, porque de esas murgas se alimentan otras que van a hacer cosas nuevas, si no es un aburrimiento ver quince modelitos de lo mismo. Me gustaría participar de un proyecto que patee el tablero en algún momento”.

LA INFLUENCIA DEL CONCURSO

“Si no hubiese un reglamento o un concurso, estaríamos hablando de otra cosa. Porque el concurso tiene que ver mucho con la vida institucional de una murga. Si una murga gana, va más allá de un trofeo. Esa murga al otro año trabaja más, y la gente que está dentro de ese grupo tiene más trabajo. Se abren puertas para viajar a otros lugares. Puede ser que haya gente a la que lo único que le importa es ganar, pero ganar trae aparejadas otras cosas que son importantes para personas que vienen remándola con un proyecto. Si te ponés a pensar en grupos que vienen remando quince o veinte años con un proyecto, y un día ganan, seguro  lo que les costaba un montón, empieza a costarles menos. Pasan a tener más sponsors, y en vez de hacer 50 tablados, hacen 120. Ganar te devuelve otras cosas, te arrima público, y como artista tenés la posibilidad de cantar para más gente, y eso está bueno porque vos querés que la gente escuche lo que estás proponiendo. Yo te podría decir: “No debería haber concurso”, pero concurso hay en todos lados. En cine hay premios para determinados actores y no para otros, y en el teatro y la música pasa lo mismo”.

“HAY OTRO CARNAVAL LATIENDO”

“Los escenarios privados van a poner en el pizarrón a los grupos que van a llevarles más gente. Me ha tocado estar en las dos campanas; grupos donde se trabaja mucho, y otros donde no se trabaja tanto. Estuve muchos años en “A Contramano”, y ahí se hizo todo desde abajo. En los últimos años en los que estuve hicimos muchos tablados, pero también recuerdo años en los que había unos cuantos días en los que nos quedábamos en el club ensayando. Es lo que te toca. Creo que hay cosas del carnaval que son difíciles de cambiar, pero hay otro carnaval latiendo. Hay un carnaval en los barrios, gente de Murga Joven a la que no le interesa salir en este carnaval, hay murgas por todo Montevideo y el Uruguay, y no todas concursan. Nadie se muere. No concursan, pero se divierten, muestran su espectáculo, y lo hacen como pueden. Si nos parece que este no está tan bueno, hay que acercarse a ese otro carnaval. Tengo derecho a participar de este carnaval, y también tengo derecho a no hacerlo. También puedo participar de este carnaval, y hacer otras cosas. Nadie me puede decir: “Si participás de este carnaval, no vayas a un barrio a cantar con una murga del programa Esquinas de la Cultura”. ¿Por qué?, yo puedo hacer ambas cosas, si quiero. Puedo ir a dar una mano a una murga joven, si me lo piden. No se trata de cambiar el carnaval, si no de saber ubicarse, porque tampoco es el ombligo del mundo. Es un grano de arena perdido en el universo. No existe. Hay cosas más importantes por las que preocuparse y debatir”.

SI “DON TIMOTEO” FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?

“Habría algo que simbolice alegría. Cada noche es una fiesta, y ha sido así todo el proceso. Hay un grupo divino. El  objetivo es claro, y es salir a hacer el espectáculo”.

DISFRUTÁ DE LA ACTUACIÓN DE DON TIMOTEO EN LA PRIMERA RUEDA DEL CONCURSO OFICIAL: 






viernes, 6 de mayo de 2016

PÁGINAS DE MOMO - CARLOS MELGAREJO






En un momento determinado, en el transcurso de una charla intensa y agradable, pasó el tren. Claro, estaba en Sayago. Barrio tan encantador como empapado de historia carnavalera construida a través de un grupo de amigos que tenía la idea clara de disfrutar compartiendo "el género más lindo del mundo", como describe el entrevistado. Es que Carlos Melgarejo, desde los nueve años ha dedicado su vida al quehacer murguero, y desde sus gestos y palabras se desprende la misma pasión hacia lo que lo enamoró desde niño. En su cuarto atesora entre otras cosas, el primer premio del carnaval 2000 obtenido con la murga "Contrafarsa" y su "Tren de los Sueños". El Carnaval 2016 lo encontró abajo del escenario, y la pregunta no se hizo esperar. 

¿QUÉ FUE LO QUE TE LLEVÓ A NO SALIR ESTE CARNAVAL? ¿FUE DURO TOMAR LA DECISIÓN?

“No sufrí en absoluto mi ausencia de las tablas. Fue una decisión que tomé en pleno carnaval 2015. Decidí que no tenía más ganas de salir, y a su vez no recibí ninguna propuesta que me sedujera. No me dolió tomar esa decisión en su momento, ni tampoco ahora viendo carnaval. Este año me transformé en un espectador, y lo viví desde ese lugar, disfruté de lo que tenía que disfrutar. Hubo cosas de las que no disfruté, y que no me convencieron. Tuve la posibilidad de ver la liguilla entera en el Teatro, y ver alguna cosita más. Algunas otras cosas las vi por televisión, pero disfrutando el hecho de no estar metido en la competencia, y de no tener ningún tipo de interés creado en algún conjunto, sumado a no tener que comerme la vianda de ensayar, ensayar, y ensayar, y perderme de otro montón de cosas que cuando no salís en carnaval te das cuenta que te venís perdiendo, hizo que viviera un carnaval disfrutable, desde otro lugar en el que me sentí cómodo”.

¿CÓMO VIVISTE LA EXPERIENCIA DE SER JURADO EN EL ENCUENTRO DE MURGA JOVEN 2015?

“El tema de Murga Joven da para hablar muchísimo. Particularmente no soy un hincha a muerte de la Murga Joven, básicamente porque creo que surgen ideas muy interesantes, y que la mayoría las labura muy mal, sin prestarle importancia a rubros que para mí son preponderantes para hacer murga. Desde ese lugar medio negativo que yo tengo con Murga Joven, asumí la responsabilidad de ser jurado de un encuentro que es un concurso encubierto, y que me parece que en algún momento eso va a tener que dejar de ser así, porque hay un doble discurso maravilloso por parte de quienes hacen Murga Joven tanto a nivel estatal, como de los participantes. El que asume como jurado de Murga Joven se encuentra con esa dualidad, de que no le permiten mencionar a un mejor coro, o una mejor batería, o a un mejor espectáculo, porque la palabra “mejor” no puede existir, cuando en realidad claro que hay cosas mejores y cosas peores. Y a la vez te condiciona a la hora de fallar el hecho de no tener la posibilidad de puntuar, o buscarle la vuelta para ver las cosas que te seducen más y las que te seducen menos. Soy un tipo que podré ver un espectáculo de murga interesantísimo, pero si la murga canta mal ya lo miro desde un lugar incómodo, y no le voy a prestar la atención que le debo prestar. Me encontré con una realidad que era desconocida, porque históricamente fui espectador de Murga Joven, y colaborador en casos específicos con gente amiga, pero no soy un tipo que concurre asiduamente a ver las etapas enteras, y  tuve que mirar cincuenta y pico de espectáculos  concentradamente. Hubo un montón de interesantísimas propuestas que no las vi en el carnaval mayor unos meses después,  pero con desprolijidades que no las puedo entender. Entonces ahí empezás a preguntarte para qué sirven los monitores, que terminan siendo una figura decorativa. Vi espectáculos que un monitor debería decir “Muchachos le están errando al bizcochazo, aprolijen tal cosa, y métanle mano a esto”. También se vieron cosas muy buenas. Después de que ves, evalúas, hubimos tres tipos que teníamos que resolver cuáles eran las 20 murgas que pasaban al Teatro de Verano, y hubo 17 que se pincharon en esa segunda instancia. Eso nos hizo mirarnos, y preguntarnos en qué le erramos, o por qué vimos las cosas tan mal, cuando en realidad, uno termina sacando la conclusión de que el Teatro de Verano pesa y no es para cualquiera. Yo le daría mil vueltas a Murga Joven, cambiaría un montón de cosas, y legalizaría un Concurso de Murga Joven que es lo que en realidad es. En el afán de sentirnos compañeros, y ver  que tenemos la posibilidad de mostrarnos artísticamente le llamamos encuentro, pero cuando uno falla, o da las cinco murgas como mejor espectáculo, empiezan las recriminaciones, y recibís algún mensaje privado por Facebook, y te dicen algo en la calle. Esas son demostraciones de que en realidad interesa ganar, y estar en el Teatro. En los ensayos abiertos habría que empezar a evaluar a las murgas, porque no hay necesidad de ver espectáculos que están muy mal concursando. Me parece que tienen que cambiar las exigencias. La movida Joven es un fenómeno que está instalado desde hace muchos años, el fuerte de esa movida es la murga, pero me parece que hay que cuidar más un género que para mí es el más lindo del mundo. Se ha generado mucho degeneramiento del género, y vale todo a la hora de hacer Murga Joven, y yo creo que hay lineamientos que se deben respetar. Uno ha convivido con ellos, y ha visto muchos artistas de la ostia haciendo carnaval, y haciendo murga, y me parece que desde la existencia de Murga Joven cualquiera se dice murguista. Ser murguista es una carrera como cualquier otra que hay que transitarla. Pasa mucho que se confunde  lo que quiero llegar a ser,  con lo que estoy convencido que soy y me faltan kilómetros por recorrer. Está perfecto que se le abran las puertas a todo el mundo, pero tiene que haber una base mínima de la que sostenerse”.

LA CONCEPCIÓN DE LOS ESPECTÁCULOS

“En carnaval todo muta, a veces para bien, o a veces para mal. Pensando en el carnaval del que he participado, se han perdido ideas, y originalidad. Le ha jugado en contra el gobierno de izquierda. Hay mucha gente que no se anima a basar sus espectáculos en crítica, no en pegar por pegar, pero criticar. Entonces todo se estanca en la búsqueda del humor que en el 80% de los casos no se consigue. Han perdido consistencia los espectáculos en su globalidad. Hay propuestas generales que no me seducen. Ya no se ven espectáculos como los de hace diez años atrás, que te podían gustar o no pero eran consistentes, tenían una coherencia en la propuesta artística, y me parece que este año no se vio eso a nivel general. Quedó la costumbre de ponerle un título al espectáculo porque la historia viene por tal lado, y después voy enganchando como puedo las cosas que se me ocurrieron para intentarlas meter dentro de un contexto, y a veces no sale. O se buscan excusas específicas para decir “esto es referente al tema propuesto originalmente”, pero en realidad queda descolgado. Creo que hay muy buenos creativos, pero hay veces que las ideas no salen. Vos podés tener a García Márquez o a Benedetti escribiéndote que si no les sale, no les sale. Particularmente hay un estancamiento en materia de propuesta, y no pasa que digas “pan! me voy a acordar de este espectáculo de por vida”. El año pasado ganaron los Patos Cabreros, y ganaron bien, pero recordando casi todo el mundo te habla solo del cuplé de los tatuajes, y después te cuesta encontrar otros lugares que te hayan quedado grabados en la retina. No sé qué va a pasar con La Gran Muñeca, que también creo que ganó bien este año. Hoy por hoy hay una búsqueda muy facilista de hacer reír, o dar un manijazo buscando el aplauso”.

SU INQUIETUD POR ESCRIBIR

“El hecho de que haya escrito y creado cosas tiene que ver más con una casualidad de la vida que con algo que me propuse. En su momento estando en Contrafarsa se me dio por empezar a aportar cuartetitas y cosas. Cuando uno está trabajando en un espectáculo intenta aportar desde su capacidad. Empecé así, aportando alguna cuarteta o alguna bobada, o haciendo un planteo a los letristas sobre cosas que me parecía que se podían cambiar para mejorar. Te vas metiendo en un mundo que te atrapa, absorbe, y te hace evadir toda tu cotidianeidad. Escribir hace que te saques el chip de los problemas cotidianos. Te podrán salir cosas buenas o cosas siniestras, pero es un tiempo que estás contigo, y con tu cabeza funcionando desde otro lugar, y se hace muy disfrutable. Aprendí a laburar en equipo originalmente, porque cuando arranqué a aportar en Contrafarsa éramos una comisión técnica que nos tirábamos ideas, y compartíamos muchas cosas. Entonces eso te lleva a tener que mostrar, discutir, negociar, recortar y pegar. Me pasa que nunca estoy convencido de lo que escribo, no sé si es algo general o mío. Por suerte hay gente a la que sabés que le vas a mostrar y te va a decir la verdad, porque hay otros que te dicen “Ah, qué bueno que está”, y van zafando por ese lado. Es un ejercicio que está bueno para que lo haga cualquiera, no importa si es en verso, en prosa, pero escribir cosas. Largar a un papel lo que te sale de la cabeza y del corazón". En mi prontuario estaban aportes para Contrafarsa, y aportes en La Cofradía y no mucho más. Hace dos años que vengo escribiendo para carnaval de las promesas, y me gustó el desafío, porque creo que uno tiene cambiar en la forma de decir las cosas, y hacer un texto que sea creíble,  cantado e interpretado por niños y adolescentes, y le encontré la vuelta. Gustó. En los dos años fue premiado como mejor texto de murgas, y en uno de esos años como mejor del Carnaval de las Promesas. Uno no hace las cosas buscando premios, pero el ego existe, lo tenemos todos, y hay que saber manejarlo. Me atrapó el hecho de laburar con gurises, compartir con ellos, crear en materia de puesta, y dirigir un espectáculo hecho para ellos, y por ellos” .

¿HAY UN CARNAVAL QUE PUNTUALMENTE HAYAS DISFRUTADO MÁS?

“Mis primeros carnavales fueron los que más disfruté. Empecé a concursar con quince años, hago murga desde los nueve. Y cuando sos guacho te divierte muchísimo estar con tus amigos haciendo lo que te gusta, y no te importa i vas a ganar plata o no. Después el carnaval te va prostituyendo, y te convertís en una suerte de mercenario, donde a veces priorizás lo económico sobre tu gusto, o lo que querés decir arriba de un escenario. Tenés un patrón, o técnicos que definen, y vos no tenés la oportunidad de decir lo que te gusta, o lo que no te gusta. Terminás pensando “¿por qué no me habré quedado en mi casa?”, o “¿Por qué no me habré ido de vacaciones?” En los primeros años uno hacia las cosas por amor al arte, y por el disfrute de cantar, De repente no pudiste ser el jugador de fútbol que soñaste, y ahí te sentís el 5 que pasa la pelota, o el 9 que hace los goles, o el golero que se ataja todos los penales. Durante este carnaval dije que el grupo que más me seducía arriba del escenario, y me llegaba más al corazón era “Cayó La Cabra”, y hubo gente que me preguntó por qué, y es porque la murga me remite a mis primeros años. En esos momentos era todo más por amor a la camiseta, se disfrutaba desde otro lugar. El broche de oro fue el triunfo de 1991, que uno no encaraba el carnaval para salir a ganar un concurso, y cuando quisimos acordar nos encontramos con un primer premio  que no fue discutido. Además éramos unos guachos. Yo tenía 19 años, y el  promedio nuestro de edad era de veinte y poquito. Había muchos de mi edad, y otros más grandes. Fue esa caricia ganarle a títulos pesados, con un grupo de amigos que se conocía desde chico”.

VACÍOS QUE NO SE PUEDEN LLENAR

“Siento un vacío desde que dejó de salir Contrafarsa. Para mí el carnaval dejó de ser la fiesta que era, porque es mi cuadro, mi camiseta, con la que quiero jugar siempre. En otro cuadro paso a ser un contratado. Tal vez mi decisión de no salir en carnaval tiene que ver con que el vacío continúa, y que por más que hay una suma de dinero que genero, no la paso bien, no soy feliz, si puedo zafar, zafo, si puedo llegar unos minutos tarde a ensayar, llego. Me falta un grupo en donde yo me sienta feliz, y donde todo lo demás pase a ser secundario. Con La Cofradía me saqué las ganas de salir con dos de mis sobrinos, y con hijos de amigos, de crear, y sentí que fuimos muy felices. Cuando tuvimos que dejar de sacarla por problemas que sufrimos económicamente, empecé a salir en carnaval por dinero. Y desde ese instante pasé momentos buenos, y otros no tanto. Hoy prefiero disfrutar con la familia, y con los amigos. El vicio lo despunto con la Sayago Murga Band, o en algún lugar en el que me encuentro con gente que canta, y es un placer ponerse a cantar diez minutos aunque sea. Posiblemente disfruto más de una bañadera que de un espectáculo”.

¿EN QUÉ COSAS EL CARNAVAL SE HA ENRIQUECIDO, Y QUÉ COSAS HA PERDIDO?

“El carnaval se ha enriquecido en materia de artistas, técnicos, gente que aporta muy buenas ideas para los espectáculos. También ha crecido en cuanto a los arregladores corales. Hay personas que hacen arreglos interesantes. Antes habían coros potentes pero arreglísticamente había mucha cuadratura. Pasaban cosas maravillosas como que Pastrana o el Pelado Díaz arreglaran de oído, pero ahora hay una búsqueda más amplia en lo musical y en los arreglos. Hay gente del teatro que le aportado mucho al carnaval en la puesta en escena y actuación. Se revitalizó la categoría de lubolos, que antes la gente se paraba en el Teatro y se iba para el pedregullo. Hoy por hoy presentan planteos y propuestas que seducen. El carnaval ha perdido pueblo, fiesta, y espacio en los barrios. Ahí tenemos responsabilidad los que queremos ganar un montón de plata en cuarenta días, porque eso hace que los costos de las entradas sean más altos, y la gente no puede ir siempre al tablado en la esquina de su casa. O hay menos tablados, entre otras cosas porque los vecinos denuncian los ruidos molestos. Perdió un poco de barro, eso de que cada barrio tenía su murga. Hoy tenemos varios tablados comerciales con sillas cómodas, plaza de comidas, pero que descuidan a los artistas. Muchas veces te encontráis con tremendo escenario, pero con seis micrófonos, y un sonido que no es bueno. La Intendencia está bancando dentro de su presupuesto a varios tablados barriales que si no existiera el carnaval no sería nada. Se ha transformado en una especie de fiesta mucho más elitista”.

PASAR LA POSTA 

“Llega un momento de la vida en el que tiene que pasar la posta. Necesitamos recambio a nivel murguero. No puedo discutir al (Ricardo) "Canario" Villalba, Julio Pérez, y a un (Ángel) "Marquitos" Gómez. Pero a veces por venerar tanto a esos artistas maravillosos, nos estamos perdiendo de escuchar a un Agustín Pittaluga, a un (Maximiliano) "Pulpa" Méndez, a un Damián Dewailly, tipos jóvenes con una capacidad bárbara, y son unos cantorazos. En carnaval hice todo lo que tenía que hacer, lo disfrute muchísimo, capaz que lo voy a seguir disfrutando, pero hay que darle paso a gente con más ganas, con más fuerza y nuevas ideas a la hora de hacer murga. Estamos en un taller con Edén (Iturrioz), que es el fabricante de murguistas número uno en nuestro país, a los cuales les trasladó su sapiencia. Lo que quiero es dejarle a nuevas generaciones lo que yo aprendí, y por otro lado les chupo energía también. Los ves con ese entusiasmo de tocar cuanto instrumento ven, y lo vivís como un intercambio. Nosotros les trasladamos lo que nos gusta a nivel artístico, y ellos nos dan una energía que nos hace sentir mucho más vivos”.