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jueves, 18 de abril de 2019


PÁGINAS DE MOMO


MAXIMILIANO PORCIÚNCULA


Foto: Carla Peña



Como todo uruguayo, de chiquito soñaba con ser futbolista. La pelota le tiraba más que el canto, pero andando el camino, la vida lo llevó a desarrollar su faceta artística. Esa timidez que en algún momento sintió, desapareció, y de pronto se encontró debutando en Carnaval a los 14 años con una murga histórica como Araca la Cana. Cuando revive cada momento reflexiona sobre la importancia que tienen las decisiones que uno debe tomar sobre la marcha. Hoy con 30 años, y con 18 vinculado al arte, se siente agradecido por cada persona que fue ayudándolo a tejer ese puente que hoy transita, con la felicidad de poder decir que trabaja como artista. Con la sencillez y humildad que lo caracterizan, Maximiliano Porciúncula se adentró en el viaje de recorrer su trayectoria, la cual tiene a nuestra máxima fiesta popular como su protagonista indiscutible.

¿CUÁLES SON TUS PRIMEROS RECUERDOS VINCULADOS CON EL CARNAVAL?

“Mi hermano mayor, Pablo (Porciúncula), me lleva 7 años. De adolescente él siempre fue muy inquieto y tenía muchas ganas de descubrir y de hacer. Tuve la suerte de tener un hermano mayor que tenía todas esas necesidades. La música me llegó por él, y recibí todo ese conocimiento que el hermano mayor te transmite. Me acuerdo que siempre iba a escuchar a los coros de murga que armaba mi hermano, con adolescentes que jamás habían cantado en su vida, y no tenían mucho conocimiento del género. Ese fue el primer acercamiento con una murga. Nosotros vivíamos a 10 cuadras de Avenida Garzón, cerca de Colón, y en 1999 cerca de casa estuvo la carpa de la Intendencia. Ahí una noche fueron a cantar los Diablos Verdes. Fue la primera vez que vi una murga en escena con todo lo que implica (vestuario, maquillaje, puesta en escena, batería). Descubrí el fuego que tiene una murga en vivo, y aparte se trataba de un murgón. Fue algo que me avasalló. Comparable con la primera vez que fui al estadio o la primera vez que vi el mar. Fue algo gigante, y los sentidos no te alcanzan para asimilarlo. Luego ya tuve la suerte de entrar a murga La Zafada, y con ella al Carnaval de las Promesas, conociendo más al Carnaval como el evento artístico y cultural que es, pero la imagen de esos Diablos Verdes no se me olvida más”.

¿Y AHÍ YA TE PICÓ EL BICHITO DE SER MURGUISTA?

“No. Siempre fui como hincha o espectador de todo lo que hacía mi hermano. Siempre lo acompañaba y me terminaba sabiendo las letras de las canciones en cada uno de sus proyectos. Pero aportaba desde el, lugar de disfrutar lo que estaba viendo solamente. No fui el niño que descubrió que quería ser murguista apenas escuchó cantar a una murga. De chico cantaba pero solo melodías que se me pegaban y sentía que las podía cantar. Ahí era cuando Pablo me decía “¡Bo, cantás afinado!”. Pero no hacía énfasis ni ponía la lupa en el canto. Tenía una terrible obsesión con el fútbol como todos los uruguayos (risas). De hecho todos mis recuerdos de la infancia son vinculados al fútbol. Entonces me acuerdo que Pablo se había enterado que la murga tenía un coro polifónico que cantaba una misma melodía arreglada con diferentes voces. Cuando empezó a investigar eso necesitó una rata de laboratorio y me pedía que cantara melodías para que él cantara el arreglo y armonizáramos. Me pedía que cantara cosas, y yo estaba desesperado por salir a jugar a la pelota. Pero era tanto lo que me insistía que cantábamos juntos un rato. Como sentía que lo podía hacer, le empecé a tomar el gustito a cantar con mi hermano, y sobre todo a cantar murga que es algo muy particular, porque se hace en grupo y sentís una energía divina. No estás solo nunca. Empezar a cantar de esa manera creo que fue lo que me ayudó a no alejarme de la música. Me aportó confianza y herramientas. Me acuerdo que al principio para mí era muy común irme con la melodía que cantaba Pablo, y no terminaba cantando la melodía que me tocaba. Ese entrenamiento tanto de a 2 como de a 20 cuando cantás en un coro, fue lo que más me atrapó de la murga”.

“ESA MURGA ERA LO MÁXIMO”

“Me acuerdo que empecé a ir a los ensayos de La Roba Montón que era la murga que se había armado en mi barrio. Tenía como 11 años, Me había aprendido las letras y la melodía, y me sumé a cantar con ellos sin que nadie me invitara. Entonces Pablo me dijo que desde el barrio vecino, cerca del Complejo América, salía una murga de niños que era La Zafada. Para mí esa murga era lo máximo, porque me tocó verlos en una fiesta de un club de Baby Fútbol y me vi reflejado al ver a esos niños cantando murga. Verlos a ellos cantando fue lo que terminó de despertar esa curiosidad. Cuando hablamos con Edén Iturrioz, que hasta el día de hoy sigue trabajando en la murga, nos dijo que había una fila enorme de gurises que querían sumarse. Eso me mató, porque pensaba que no iba a entrar nunca más al no ser del barrio. Pablo se encargó de insistirle a Edén hasta que accedió. Mi hermano me llevó al primer ensayo en bicicleta, y llegando a la puerta del ensayo vi que había niños muy chicos. Yo tenía 12 años en ese momento. Estaba viviendo esa etapa en la que dejaba de ser un niño, entonces me incomodaba un poco. Llegando a la puerta le dije a Pablo “Vámonos”, y me respondió “¡No! ¿Qué te vas a dar vuelta?” (risas). Me acuerdo que hacía un frío enorme y canté con la bufanda puesta. Solo se me veían los ojos. Ahí fue cando Edén, que es dios momo para nosotros, un maestro de la murga y de la vida, aparte de ser un amigo y un hermano, con toda su paz cantaba la melodía conmigo, y enseguida me hizo cantar un solo. En ese momento me quería morir. Fue como patear un penal en el debut. Siento que ese ensayo y romper con esos candados y prejuicios de cantar frente a niños y adultos fue el inicio de todo. Fue un punto de inflexión importante”.

¿CÓMO VIVISTE LA EXPERIENCIA DE HABER SALIDO EN LA ZAFADA?

“En la murga había mucha libertad, y nos podíamos equivocar tranquilos. Todo fluía y no estaba el prejuicio del error. La musicalidad que elige Edén siempre ha sido muy hermosa, porque te lleva a un coloque que lo disfrutás. Luego el profesionalismo a medida que vas creciendo te lleva a querer equivocarte menos, pero hay tablados puntuales en los que esa magia vuelve. Porque por un lado está lo técnico de la murga, pero por el otro lado cantar en murga tiene esa cosa ancestral que no sabés cómo pero el coro se está cantando todo, y de repente alguien canta un arreglo que nunca se había ensayado y queda bien. La Zafada tenía y sigue teniendo eso. Es festejo”.

“UN AÑO MUY INTENSO”

“Ese año salí en 3 murgas. La Zafada en Carnaval de las Promesas, La Vieja en Murga Joven y La Esquinera en Carnaval del interior. Se habían abierto muchas puertas y tenía la energía como para hacer todo eso. Tendría 14 o 15 años. Siempre estuve acompañado por mi hermano en todos los proyectos y los compartíamos. Fue un momento en el que conocí a mucha gente. Los grupos de esas murgas eran muy unidos y en general siempre he tenido la suerte de compartir experiencias lindas con todos los grupos que he integrado. De todas formas no volvería  a salir en 3 murgas (risas). A partir de ese primer ensayo que me tocó vivir con La Zafada arrancó toda una explosión de murga en mi mente. Fue un año muy intenso”.

¿CÓMO SE DIO TU DEBUT EN CARNAVAL CON ARACA LA CANA?

“Al año siguiente Pablo me invitó a salir en Araca la Cana. Catusa (José María Silva) me había escuchado cantar un par de veces y tenía ganas de incorporar a un adolescente. En ese momento tenía 14 años. Damián Lescano debutó ese mismo año con 16. Éramos como dos niños que siempre andaban revolucionando el ensayo. A los dos nos tocó vivir nuestro primer Carnaval en Araca la Cana como dos niños. Porque está el murguista de la década de los 80 que debutaba con esa edad en Carnaval y de repente ya llevaba una vida de adulto, trabajaba, se tomaba un whisky, etc. Pero yo me acuerdo que me llevaba un licuado de banana al ensayo, o de repente nos cambiábamos los championes con Damián porque nos gustaban más los del otro (risas). En los ensayos nos pedían silencio cada 5 minutos, hasta que Catusa no aguantó más y mandó a citar a nuestros padres por nuestra indisciplina en el ensayo. Así debuté en Carnaval, entre licuados de banana y jugando de manos con Damián Lescano (risas). De todas formas me di cuenta en ese año que hay aspectos del Carnaval que no son adecuados para los niños y los adolescentes. Ahora está más regulado lo de los menores que salen en Carnaval. Pero te das cuenta de un montón de cosas que están ligadas al hecho de trabajar en la noche. De repente no son tan positivas pero también te dejan un aprendizaje. Incluso después de dos años intensos saliendo en varios lados, dejé de salir en murga por un tiempo. Fue algo tan intenso que necesité no salir”.

Y LUEGO INCURSIONASTE EN EL PARODISMO…

“Pablo trabajaba como arreglador en parodistas Urbanos que salían en el Carnaval de las Promesas. Yo con todos mis prejuicios hacia el parodismo le dije que jamás iba a ir. Cuando llegué al ensayo me di cuenta que había una energía maravillosa y el grupo era muy especial. Terminé saliendo 3 años en Urbanos. Haber salido ahí me aportó mucho en el hecho de seguir rompiendo con prejuicios. Aprendí a cantar de otra manera e interpretar otras cosas. Me acuerdo que el encargado de la puesta en escena era Freddy González. Cuando se me presentó me preguntó “Vos, ¿qué vas a hacer?”. Le dije “Yo voy a cantar, que es lo que más o menos sé hacer”. Ahí largó una carcajada gigante y me dijo “¿Estás loco? ¡Esta parte la decís vos!”. Arrancaba el show con Damián Luzardo y yo haciendo un diálogo. Fue algo que me dio mucha vergüenza en ese momento, y gracias a Freddy tuve la chance de vivir esa experiencia de actuar. Pero sobre todo aprendí a cantar cosas que no fueran murga. Las canciones iban más por el lado de las baladas, y en el conjunto tuve mis primeras clases de canto. Tuve una formación diferente que me abrió un camino hasta hoy. Hay cosas que aprendí de esa época que aun las sigo implementando. Cantar de otra manera fue todo un desafío. Aprendí mucho de Damián Luzardo también, que era y es terrible cantante, así como de otro montón de compañeros, y Luís Quintana que era el profe de canto”.

Y DE REPENTE CON 17 AÑOS YA ESTABAS CANTANDO EN CONTRAFARSA…

“Luego de esos 3 años en Urbanos, al año siguiente, un día vuelvo del liceo rumbo a casa y veo que en la vereda estaba la moto de Luís Ortíz con un bombo atrás. Cuando llegué pensé “¡Me muero si me vinieron a buscar para salir en Contrafarsa!”. Veo a través del ventanal de la casa que Edén Iturrioz y Luís Ortíz estaban hablando con mi vieja porque me venían a hacer esa invitación. Al revivirlo me doy cuenta de que fue un momento que me marcó. Edén y Luís suponían que ya iba a aceptar, y estaban resolviendo algunos detalles con mi madre. A ella lo que quería era que yo estuviera en un lugar en el que me cuidaran, y ellos se estaban encargando de mentirle y disfrazar la cosa un poco (risas). Salir en Contrafarsa fue  retomar el hecho de salir en murga después de ese tiempo de descanso que me había tomado. Me acuerdo que ahí empecé a tomarme más en serio el hecho de salir en una murga, y entendía que podía llegar a transformarse en un trabajo. Además en esa etapa compartí con Alejandro Balbis que en ese momento me dio un envión muy importante. Justo hace poco compartimos escenario en el Sodre, dentro del toque del MPU, y recordamos esos momentos. Me acuerdo que un día después de un ensayo le mostré una canción a Alejandro, y medio que la empezamos a componer juntos. Él me dijo “¿Y vos qué pensás hacer con esto?”. Él veía un potencial en mí y yo aún no tenía la confianza para creerme que podía vivir de la música. Yo le dije que pensaba buscar alguna herramienta laboral que más o menos me gustara y trabajar de eso. Pero él insistía en que me dedicara a cantar y a componer. Cuando me lo dijo me convencí. Pensé que si ese tipo al que admiro tanto y que tiene tanto talento como para conseguir vivir de la música, me está diciendo esto, ¿por qué no intentarlo?. A partir de ahí tuve una actitud más positiva con respecto a poder vivir de la música en algún momento. Esa conversación me hizo cambiar el pensamiento. Para el Carnaval 2007 retorné a Araca la Cana. Fue un año precioso e incluso tuvimos la chance de girar por España. La verdad que siempre voy a estar agradecido con Araca porque me dio la posibilidad de debutar en Carnaval y siempre me sentí muy querido allí”.

“VOS TENÉS QUE SALIR EN AGARRATE CATALINA”

“Balbis también fue el que me recomendó para que saliera en Agarrate Catalina. Él me decía “Vos tenés que salir en La Catalina, es un grupo que te va a enseñar mucho”. Un día se cruzó con Yamandú y Tabaré y les propuso que los dos saliéramos ahí. Les dijo “Tengo dos integrantes para su murga: Maxi Porciúncula y Alejandro Balbis”. “¡Bueno! ¿Dónde firmo?” dijo Yamandú. Un día me crucé a Yamandú por el centro y me contó lo que le había dicho Balbis. A mí me encantaba la idea de participar en la murga. Veía que era un grupo que estaba consiguiendo cosas diferentes. Esa vez que nos cruzamos le di a entender que me encantaba la idea y que quería ser parte. Hasta que un día en el que salimos a cantar en los ómnibus con mi hermano Pablo viajando hasta La Paz, que era algo que siempre habíamos querido hacer pero no nos animábamos. Durante ese viaje Yamandú me llamó para invitarme a participar en la murga. La primera experiencia que viví con la murga fueron unas actuaciones en Córdoba, Argentina. Llegar ahí implicó asumir un montón de responsabilidades, ya que trabajamos mucho con la murga y había que cumplir con ciertas reglas. Entrar en La Catalina fue como entrar a un túnel del tiempo. En estos 12 años que hace que integro la murga hemos vivido muchísimas cosas. Al principio la familia preguntaba en qué andaba, y luego se fue acostumbrando a que siempre estaba actuando en algún lugar con la murga. Me perdí muchos días de la madre, cumpleaños, etc. Me sentí parte de la murga desde el primer momento, cuando me sumé para preparar el Carnaval 2008. Creo que en algún momento vamos a tomar una real dimensión de todo lo que nos ha pasado. Al punto de que hoy disfruto de trabajar en mi casa. Porque salimos tanto, y trillamos tanto el camino que pila de veces extrañaba estar en mi casa, y llevar adelante otros proyectos y necesidades.  Igual no me arrepiento ni loco. A esos 10 años en los que estuve girando con La Catalina no los cambio por nada. La Catalina se mantiene con una intensidad de trabajo increíble”.

SU PROPIO PROYECTO ARTÍSTICO

“En un momento me dieron ganas de cantar con mi hermano. Los desafíos siempre nos llamaron la atención. Empezamos a construir nuestras canciones y a trabajar como cantautores. Eso era algo que simpre estaba en la vuelta y lo compartíamos  con la familia y los amigos más cercanos, pero no se terminaba de transformar en un trabajo nuestro. Después de la experiencia que vivimos con La Catalina, decidimos bajarnos del elenco estable de la murga para empezar a meterle energía a nuestra carrera. Ese fue otro punto de inflexión importante en mi carrera artística. Hay días que me han marcado mucho, y ese fue uno. Esa fue la última gran decisión artística que tomé. El disco que hemos lanzado con la banda Senda 7 ha sido el fruto que empezó a cosecharse desde ese día. Trabajar en La Catalina es hermoso e ideal, pero teníamos ganas de salir de esa comodidad y mostrar nuestras canciones. La banda que hemos formado con Bruno, Mati y Germán, y toda la gente que da una mano y también forma parte, ha sido un reinicio en lo artístico”.

EN LOS AÑOS EN LOS QUE AGARRATE CATALINA NO SALIÓ EN CARNAVAL, ¿EXTRAÑASTE SUBIRTE AL ESCENARIO EN FEBRERO?

“Ir al tablado y escuchar una batería de murga ya te despierta las ganas de subir al escenario. Si bien no lo sufrí tanto porque La Catalina siempre siguió trabajando, febrero tiene una mística única. La temperatura que hace en el mes, sentir el olor a chorizo, y que el público esté expectante, son algunos de los condimentos necesarios para que el gen del murguista esté ahí, a flor de piel. También durante los carnavales que no salí disfruté de los espectáculos como cuando era chico. Esos carnavales me devolvieron la alegría y la maravilla de ser espectador”.

¿CÓMO VIVISTE ESTE CARNAVAL 2019?

“Este año Carnaval fue como un embudo para mí. Arranqué sintiéndome el menos carnavalero, y terminé siendo el más carnavalero con todo lo que eso implica. Arranqué haciendo otras actividades, y a mitad de Carnaval ya no podía hacer otra cosa que estar enfocado en la murga. Salir en carnaval requiere tanta energía y concentración que es algo que te avasalla. Con la murga en este último carnaval hicimos más de 120 tablados, entonces tratabas de aprovechar el tiempo libre que te quedaba con la familia o haciendo otras cosas. Hoy por hoy estoy entrando en esa de que cumplí 30 años. Hay etapas que uno va quemando, y de esa forma va viendo la vida de diferente manera. El carnaval no fue una excepción. Cuando era más chico al salir en Carnaval mi atención estaba en otro lado, y había cosas que no las valoraba. Una vez que volví a salir en Carnaval con la murga luego de 7 años me di cuenta de que me encontré disfrutando de momentos que de repente antes deseaba que pasaran rápido. Viví la experiencia totalmente de otra manera, y este ha sido el carnaval que más disfruté por lejos”.

SI TU CARRERA ARTÍSTICA FUERA UNA FOTO, ¿QUIÉNES ESTARÍAN EN ELLA?

“Seguro estaría mi familia por el apoyo. Por más que el arte se vea como algo inestable, mi familia hace que confíe en lo que hago y me dedique de lleno a eso. Siempre me cuidaron y me apoyaron. También estarían todos los conjuntos que me abrieron las puertas, y me dejaron entrar a su casa. Más allá de que ya mencioné a mi familia, quiero resaltar en esa foto a mi hermano Pablo por ser el que me acercó a la música, a Edén Iturrioz, Alejandro Balbis, Yamandú, Martín y Tabaré Cardozo. Todos ellos son maestros de la música y de la vida que compartieron su conocimiento conmigo sin dudar. La carrera artística se construye a raíz de eso. Es como un puente que se va formando con la energía de esas personas que aparecen, de los amigos, de la familia, etc. Si no fuera por esa buena vibra, los artistas no existirían. Vos podés transmitir mucho, pero también dependés de lo que te van a devolver. Seguro esa foto sería un collage de eso. También estaría todo aquel que comparte una publicación y difunde lo que hago. Esa gente hace posible que seas artista, quizás sin darse cuenta. A toda esa gente le estoy eternamente agradecido. Gran parte de mi energía y mi gratitud siempre va para la gente que simplemente te desea lo mejor sin esperar nada a cambio. Cada vez que tomo conciencia de que trabajo como artista solo me sale agradecer, y a ese ejercicio de la gratitud no lo voy a abandonar nunca”.

   
        

domingo, 15 de mayo de 2016

PÁGINAS DE MOMO - LUIS ALBERTO CARBALLO



Acostumbrado a las luminarias que se desprenden de su rol en los medios de comunicación desde un tiempo a esta parte, pero sin dejar de mostrarse “eternamente agradecido” con la fiesta que le abrió las puertas. Rodeado de tareas, pero dispuesto a sentarse un momento y charlar sobre el lugar que “le aportó todo”. Así es Luís Alberto Carballo, mencionado como Figura de Parodistas en el Carnaval 2016, y con un largo recorrido en las carnestolendas de nuestro país. Con mesura, como pensando en utilizar las palabras justas frente a cada respuesta, las mieles del éxito conseguido recientemente fueron las protagonistas en el inicio.

¿CÓMO VIVISTE ESTE CARNAVAL LAUREADO CON LOS MUCHACHOS?

“Divino. Los Muchachos nunca habían ganado, y entonces se vivió de otra manera. Como decía el buzo que teníamos puesto el día de los fallos “La primera vez nunca se olvida”. Era un conjunto que este año más que nunca se merecía ganarlo, y lo disfrutamos mucho. En los ensayos ya te das cuenta cuando puede funcionar, siempre tenés un relojito adentro que te va diciendo, y cuando empezás a hacer tablados vas afianzando la cosa. Fue un año particular porque empecé a ensayar muy tarde, Y cuando llegué estaba todo bastante armado, entonces tuve la suerte de verlo mejor. Se veía que el espectáculo estaba muy bueno, muy lindo, estaba muy bien escrito, y muy bien concebido y dirigido por Maxi (Xicart), y eso se confirmó después en los tablados y en el Teatro. Fue todo redondo”.

NO HAY UNA RECETA

“Son años que se dan. Así como un jugador está inspirado en un partido sí, y en otro no. Se da en la elección de los títulos de las parodias, en la elección de los temas y en el trabajo también. En el tiempo que tengas de trabajo como para medir bien cómo viene la cosa. A veces tenés que tener suerte, porque por más que elijas un tema que a vos te parece que va a explotar, no rinde tanto. Hay un porcentaje chiquito de suerte que tenés que tener. Creo que este año se dio todo redondito como para que el espectáculo fuese tan sólido como era”.

EL GRUPO

"Estoy mucho más maduro, más grande. Entonces veo las cosas de otra manera. En Los Muchachos encontré un grupo divino, donde me hice de amigos, y donde me siento muy cómodo trabajando, con las presiones justas que tiene que tener un conjunto. La experiencia te permite tener un poquito más de calma, y eso influye”.

LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE

“Por lo general le pido al letrista que me lo diga con bastante anticipación. Lo veo, lo leo, si es de una película, trato de verlo, estudiarlo, traerlo al Uruguay, a lo que somos nosotros. No lo hago como un trabajo pesado, si no distendido. Por ejemplo en el caso del personaje de “Sam” (Parodia de la película “Yo soy Sam”- 2015), no vi la película para poder construir al personaje, si no que la disfruté, entendiendo al personaje. La vi más de una vez. Le fui encontrando otras cosas a Sam, que eran diferentes a las del personaje de Sean Penn. Se fueron dando esas cosas, mientras lo iba haciendo. Si yo hacía mucho humor con ese personaje, tenía que ser desde su inocencia, si no tiraba abajo todo el proceso que había pasado de cuidarlo. El humor de Sam, salía desde Sam, no desde Carballo. Los personajes de este año eran totalmente opuestos. El personaje más comprometido era el de Mauricio (Ripoll), que hacía de Nora. Los míos no tenían nada que ver uno con el otro. Uno estaba más volcado al humor, y el otro era más como jugar de número “5”, con Mauricio y los demás compañeros. Pero estuvo bueno eso. Desdoblarte en treinta segundos es una experiencia muy buena”.

CARNAVAL Y TEATRO

“En teatro hacés un personaje. A lo sumo dos, si te lo permite el libreto. Carnaval tiene eso que a veces nos cuesta reconocerlo. He visto grandes actores de carnaval desdoblarse. Y no es fácil de hacer. En carnaval hay valores increíbles. Está muy bueno que haya gente de teatro, así como hay mucha gente de carnaval en el teatro ahora. Se retroalimentan. La frescura de un actor de carnaval que por lo general es cien por ciento autodidacta, sin estudiar nada, aporta. Hay grandes cómicos que decían que no se preparaban con clase porque tenían miedo de perder esa frescura. Tenían miedo de perder la impronta por pensar en una técnica. Entonces preferían quedarse así como estaban”.

LOS REFERENTES

“En carnaval tuve la suerte de que en el primer año ya salí con monstruos. Con Mario Fossati, que ya no está entre nosotros. Si estaba él en el escenario al lado tuyo te sentías muy seguro. Aprendí mucho de él, de Carlos Viana, Massimo Tenuta. Yo soy un gran ladrón. Me gusta absorber y aprender de todos los que tengo al lado, sacarles cosas a todos. Así se va aprendiendo. Yo tomé a mis compañeros como libros. Tenía 17 años cuando empecé a salir en carnaval. También he aprendido de ver a otros componentes. Por ejemplo, con Pendota (Miguel Meneses) yo nunca salí, y he aprendido mucho de ver cómo maneja los tonos, y los tiempos. Está bueno ver a otros colegas”.

¿VOLVERÍAS A INCURSIONAR EN OTRA CATEGORÍA?

“Creo que hoy por hoy me siento cómodo en el parodismo. Es la categoría más completa. Salí en Araca la Cana un año (1997), y fue divino, un año único. Ganamos. Hacía 29 años que la murga no ganaba. Si se da que me convoquen para otra categoría, lo tendría que pensar muchísimo. No lo descarto, pero no creo que cambie”.

“NO HAY QUE PERDER LO QUE AÚN QUEDA”

“El carnaval ha perdido popularidad a pesar de la televisión. También en la calle. Antes, había cien tablados. Había en cada barrio, en un club, en donde sea. Se ha perdido parte de la esencia de lo que es carnaval, que es el barrio, la esquina donde venía el conjunto a cantar. Ahora quedan cuatro tablados privados, y unos diez o quince de la Intendencia que no abren todo el mes. Más allá de que se ha perdido trabajo, se ha perdido llegada. Está bueno mirarlo por televisión, pero para el que conoce carnaval no es lo mismo. No es lo mismo el Teatro de Verano que los barrios. Ha ganado en profesionalismo, cada vez se cuidan más detalles. Son espectáculos que te parten los ojos, mucho dinero, mucha ropa, y producción. A nivel de producción va a llegar un momento que no vamos a saber qué hacer, bajarnos de un helicóptero, no sé. A la vista del público tanto en el teatro de verano como en la televisión hay espectáculos dignos de presentar en cualquier teatro del mundo. No estoy diciendo que haya conjuntos que por falta de experiencia, o recién estén arrancando, no brinden ese tipo de espectáculos. Carnaval no tiene que perder ese porcentaje de amateur, porque si no deja de ser carnaval. El amateurismo de la improvisación, los “me olvidé de ponerme los zapatos”, terminan siendo anécdotas que hacen al carnaval. Es muy difícil que vuelvan los carnavales de antes, pero no hay que perder lo que aún queda”.

¿QUÉ LE APORTÓ EL CARNAVAL A TU VIDA?

“El carnaval me aportó todo. Es en donde yo me mostré, y por eso se me abrieron grandes puertas en otros lados. Me vinieron a buscar para hacer teatro y televisión, porque me vieron en carnaval. Es una puerta gigantesca donde hacés 120 castings durante un mes. Y siempre alguien te ve, o comenta. Por el carnaval me han surgido todas las cosas que me están sucediendo ahora. Fue mi gran impulso al espectáculo, y a los medios. No creo que le deba mucho al Carnaval, porque le devolví muchísimas cosas. Uno no le debe nada a nadie, uno agradece a la gente que lo ha impulsado, y estoy eternamente  agradecido”.

¿SALÍS EN LOS MUCHACHOS EN EL CARNAVAL 2017?

“Desde hace unos años tengo un chip que en marzo se me apaga, y por allá en setiembre u octubre se me prende, y me empieza a picar el bicho. Hoy no lo pienso al carnaval. Tengo mucho laburo, y no está en mi cabeza”.


jueves, 17 de marzo de 2016

ENTREVISTA REALIZADA A JOSÉ ALANÍS "PEPE VENENO" - AÑO 2012





“La calle Yupes raya al medio encuentra Belvedere”, ilustra Fernando Cabrera en una de sus canciones más pintorescas. Postal montevideana que fue el marco de una entrevista totalmente disfrutable. Entre mate y mate transcurrió una mañana invernal muy amena, dentro de la calidez de su hogar. Imposible olvidar su bonhomía, su tono agradable al hablar, y la riqueza de su lenguaje. Un verdadero poeta que siempre estará ligado a nuestra máxima fiesta popular como una página emblemática. 

SUS COMIENZOS EN LA ESCRITURA 

“En mis épocas de estudiante ya escribí algunas rimas y consonancias. Ni por asomo imaginaba que luego esa tarea me iba a tomar la vida. Pinto, actúo, dibujo, pero desde hace muchísimos años a la fecha, la tarea que desarrollo de manera cotidiana es el quehacer poético. Incursioné escribiendo para Carnaval por primera vez en la década del 60, concretamente para la murga “La Nueva Ola” del Paso Molino. Fue la primera vez que seriamente me preocupé por escribir textos murgueros. También escribí para Jardineros de Harlem (Humoristas), y algún tema para Comparsas de Negros y Lubolos”.

LAS RAÍCES JAMÁS SE OLVIDAN

“La murga que más me marcó fue sin dudas, Araca la Cana. Con Catusa (José María Silva) íbamos a la escuela juntos, y nuestras madres eran amigas en común. Él ni siquiera soñaba que alguna vez iba a estar al frente de “La Bruta”. Acostumbré visitar sus ensayos siendo un gurí, ya que salían desde mi barrio, Belvedere, y llegué a ser amigo de “Pianito” (Ricardo Castro), director de directores. En 1950, cuando tenía once años de edad, recuerdo que Araca cantaba como nunca, y me fui enamorando de esa murga. Una afinidad que me fue atando a este amor, era lo anarcoide de las concepciones de la murga, sobre todo teniendo en cuenta que mis primeras lecturas ideológicas fueron anarquistas.  Siempre destaco que cuando se reglamentó demasiado al carnaval en Montevideo, allá por los años 40, se comenzaron a otorgar premios en dinero, por lo que muchas murgas fueron dejando de lado el compromiso para con el pueblo, y ofrecían un espectáculo de pan y circo, de divertimento, para asegurarse puestos que les adjudicaran los premios. Pero Araca nunca perdió su identidad, cantándole a las formas opresoras de la época. Posteriormente, en 1964 logramos alquilar el título, y junto con Oscar de Agustini, sacamos a  Araca la Cana, y le devolvimos el sitial de privilegio que había perdido en esos años en el Concurso Oficial de Agrupaciones, ubicándola en el quinto lugar. Fue un sueño cumplido para nosotros”. 

EL ARTE DE ESCRIBIR

“Aquel  que escribe en murga, toma las vivencias del pueblo, los aconteceres, los hechos notorios,  les da una forma estética,  adapta una música conocida que favorezca el entendimiento, y se los  devuelve al pueblo. A veces se te agradece por lo que das, pero no es más que la devolución de lo que el pueblo te prodiga. A la hora de escribir es importante saber de la retórica, gramática, simbolismos, juegos metafóricos, y todo lo que el mismo idioma te está ofreciendo. Cuanto más conocimientos se capitalicen, y más autores se lean, mejor calidad tendrá el producto final”.

EL AMOR DE SU VIDA

“La Soberana es una novia hermosa, debe ser la más hermosa de las “mujeres” que he tenido en mi vida. Para ella escribí, y desde mi rol de poeta, recibía críticas de mis compañeros ideológicos y militantes, que me decían que escribía de una manera  frente a la cual el pueblo no lo iba a entender, y yo les contestaba que estaban subestimando el entendimiento de nuestro pueblo. Tanto es así que en el año 1972, entre líneas, porque nos censuraban todo opté por escribir:
“Hay vientos de tragedia que nos llegan, huracanados, grises, tempestuosos. Ah, oráculo fatal! El hombre brega por elevar el mundo quejumbroso. Ni antígona tendría tal destino, ni Edipo soportara tal tormento. La humanidad deambula en los caminos bajo un bosque de ayes y lamentos. Encadenando al hombre ruge el viento, que de nefasta altura se descarga, no obstante, el hombre sigue en movimiento, buscando en las estrellas, la más clara”.
“Luego de esto el público se ponía de pie. Estaba entendiendo que le estábamos hablando de algo nefasto. Y cuando decíamos, “No obstante el hombre sigue en movimiento, buscando en las estrellas, la más clara”, asociaban de inmediato con el MLN (Tupamaros). Cuando mencionábamos la estrella, que era el logo del MLN, la gente se paraba, aplaudía, y gritaba consignas. Cada espectáculo de la murga se convertía en un fenómeno político, flameaban banderas del Frente (Amplio), y del Che. Claro, llegó un momento que lo hablé con mis hermanos, y entendíamos que los militares eran coherentes, tenían que prohibirnos, incluso en la soledad de mi celda llegué a pensar que sí, que eso tenía que acontecer. La Soberana se había transformado en un fenómeno social, estético, cantable, murguero, que nunca más se volvió a dar.  En aquella época los tablados comenzaban almediodía, y terminábamos la jornada a las 5 de la mañana, y a cada escenario nos seguía una extensa caravana de autos, camiones, y motos. Todo este público veía 15 o 18 veces a la murga en la misma noche, y nosotros lo  entendíamos como un reconocimiento, porque en alguna medida estos sectores del pueblo nos demostraban de que estábamos en un camino aceptado por la gente”. 

LA IMPORTANCIA DE LA MUJER EN EL GÉNERO  DE MURGA

“Hay gente que todavía sigue pensando que la murga debe ser integrada exclusivamente por hombres. Seguramente esa gente no sabe, puesto que no se ha informado, que en el año 1940, una piba de 14 años dirigió a “Don Bochinche y Compañía”. En la década del 60, Pochola Silva, saca “Rumbo al Infierno”, la primera murga femenina, solo la batería estaba conformada por hombres. En 1975, la Flaca, Mary Da Cunha salió en Diablos Verdes. Ese mismo año en La Soberana salían dos mujeres, que no pudieron hacerlo porque la murga fue prohibida. En ese entonces ensayábamos en el Club Arbolito, medio tiempo con La Soberana, y medio tiempo con Núcleo Murga Femenino, una murga totalmente femenina a la que le escribía, y el Peladito Díaz arreglaba las voces. Por el hecho de que yo le escribía, fue prohibida al igual que La Soberana, y la despojaron de la posibilidad de salir en Carnaval. En algún momento los historiadores de aquí a un siglo, van a decir: “Y hubo una época aquí en Uruguay en la que la murga era solamente integrada por hombres, y lo van a contar como una rareza”. 

LA MURGA COMO FENÓMENO CULTURAL

“Siempre está en el aire la frase que dice que “Todo tiempo pasado fue mejor”, y no creo que sea tan así. Si bien desde los inicios de la murga han existido grandes títulos, brindando espectáculos de corte tradicional, como La Gaditana que se va, pasando por Asaltantes (Con Patente), Curtidores (De Hongos), Los Diablos (Verdes), Patos Cabreros, etc; hoy por hoy hay tremendas murgas. La movida Joven ha enriquecido a nuestro carnaval. Existen murgas que tienen una magia muy especial como Agarrate Catalina, Queso Magro, La Mojigata, transgresoras, atrevidas, arriesgadas, que tocan a quien tienen que tocar sin tapujos ni prejuicios. En sí no hay una receta de que la murga sea de una determinada forma, y tenga que tener tal o cual cosa. Cada murga se va alimentando de las generaciones de murgas anteriores. Mucha gente teme que la murga pierda su esencia, y yo me pregunto, ¿Cuál es su esencia? Las circunstancias sociales han contribuido para que no haya una forma de hacer murga. A través de la vida uno se va dando cuenta de eso”.

EL LEGADO DEL CARNAVAL

“El Carnaval me dejó amigos, sueños, cárcel (ríe). Es parte de mi vida. Me dio muchos amores, noviazgos, eran hermosas las gurisas de los barrios que te veían pintado y querían abrazarte y tocarte. Me brindó enamoramientos múltiples, amistades. En cada murga, en cada tablado, en cada lugar, iba cosechando amistades que van a ser para toda mi vida. Carnaval es una escuela de amistades. A través de él vas granjeándote amistades que no se rompen nunca más. Pero lo mejor que me dejó fue la comunicación con tu pueblo, la respuesta que ese pueblo le fue dando a todo lo que vos pretendiste darle. Esa comunión con tu propia gente es de lo más hermoso que te puede prodigar carnaval. Estas entrevistas también son un legado del Carnaval para mí, porque fomentan la preservación de la memoria histórica de nuestra identidad, y eso es algo que el pueblo exige, y a lo que tiene derecho. Es muy bueno trasladar la verdad, historia y vida de un entrevistado, para luego continuar proyectándola a través de un afán periodístico”.